martes, 13 de mayo de 2014

LA UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS (PRIMERA PARTE)

LA UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS EN SU PRIMER PERIODO 1551-1571 (PRIMERA PARTE)

 

El virreinato al tornar a la normalidad uno de los primeros pasos que da para moderar el espíritu guerrero que los turbulentos conquistadores imprimieron, fue condenar como nocivo lo que en su oportunidad fue acaso conveniente y aun necesario, toda vez que las conquistas no se llevan a cabo con razones sino a sangre y fuego, pero ya las armas habían llenado su función y los antiguos señores del país yacían postrados e inermes, viviendo sometidos a un duro vasallaje; así lo entendió el cabildo de la ciudad de los Reyes, siendo secundado por el pacificador don Pedro de la Gasca y por los miembros de la real audiencia, se comenzó a deliberar sobre la conveniencia de despachar a la corte a uno o dos procuradores, cuya misión habría de encaminarse a demandar de su majestad el Rey determinadas gracias y mercedes, que desviaran a los inquietos colonos de su afición a las armas, contribuyendo así al ennoblecimiento de la ciudad y del reino, para positivo provecho de los vecinos.

Es así que en la sesión del cabildo celebrado el 10 de diciembre de 1549, quedo pues definitivamente discutida y resuelta la elección de los procuradores; el capitán Jerónimo de Aliaga y el padre maestro fray Tomas de San Martin, provincial de los frailes Dominicos, quienes aceptaron y juraron el cargo en la sesión del 24 de enero de 1550. (1)

Luego recibieron los poderes, instrucciones, cartas y demás recaudos que acreditaban su personería y calidad jurídica(2) después de unos días se embarcaron con rumbo a Panamá en las mismas naves que llevaban al pacificador don Pedro de la Gasca, quien después de tres años de rudo batallar ya con la altanería de los rebeldes, ya con la voracidad insaciable de los leales retornaba a España a dar cuenta a su majestad el Rey de su difícil misión, del satisfactorio éxito que había logrado sus afanes(3).

Uno de los puntos más importantes que se tocaban en el respectivo pliego de instrucciones, se encontraba impetrar a su majestad el Rey la creación de un estudio general en la ciudad de los Reyes, donde los hijos de los vecinos pudiesen cursar las diversas facultades que la cultura de la época reputaba provechosa al entendimiento humano.(4)

Llegaron los dos procuradores a Cádiz a inicios de julio de 1550, pero no habiendo encontrado al emperador en España por las conmociones políticas y religiosas que agitaban a la sazón su vasto imperio que lo retenían en Flandes(5) resuelven pasar por ese principado y después de besar las manos de su majestad el Rey, como vasallos sumisos y servidores leales, proponen el objeto y fin de su embajada y presentándole incondicional fidelidad en nombre de la ciudad de los Reyes y de los vecinos feudatarios de ella “por la benignidad y gran clemencia que con todos había usado”(6).

Su majestad el Rey decide ir a Alemania y fray Tomas de San Martin y don Pedro de la Gasca aceptan acompañar al emperador, no así don Jerónimo de Aliaga pues las fatigas del viaje y unas dolencias lo retuvieron en la península, para convalecer paso a Segovia, fijando después su residencia ordinaria en Consuegra de cuya comarca era oriundo (7).

Fray Tomas de San Martin a cuyo influjo y recomendables antecedentes,  se debió en gran parte los satisfactorios resultados de aquella embajada y exclusiva creación de este estudio general en la ciudad de los Reyes; aunque don Diego de Robles el oficioso mentor del arzobispo, se jactaba de haber sugerido la idea e insinuado la conveniencia de establecer aquí una universidad(8), lo cierto es que quien dio forma viable al proyecto y logro convertirlo en realidad fue el padre San Martin, él lo sometió a la deliberación del cabildo, lo propugno ahí ardorosamente, creo la atmosfera y agoto en su defensa los recursos de sus letras e ingenio, así consiguió que quedase incluido en el pliego de instrucciones que se aprobó el 22 de enero de 1550. (9).

Con los mencionados antecedentes pueden suponer la actitud del padre San Martin, cuando le cupo su turno sobre este punto en las deliberaciones del real consejo, pues si importaba el proyecto un singular beneficio para la ciudad de los Reyes, a la orden de santo domingo que lo amparaba le traía apreciables ventajas de orden moral y acaso también materiales(10) el padre San Martin como provincial de la orden de predicadores sabía muy bien ponderar las unas y las otras, así despliega en ello toda su actividad y valiéndose del fuerte ascendiente que don Pedro de la Gasca ejercía en el ánimo del Rey, lo saco tan bien librado que en el proceso de su discusión y aprobación no se le opusieron mayores reparos, así pudo despacharse la real cedula el 12 de mayo de 1551, que vino a colmar los anhelos de los capitulares y vecinos de esta ciudad de los Reyes, para así dar existencia legal a una de las instituciones científicas más ilustres de esta parte de las indias.(11).

Pero la magnificencia del Rey fue aún más allá, pues tratándose de erigir una nueva diócesis en la dilatada comarca y provincia de las Charcas, con asiento en la ciudad de la Plata(12) presento para aquella sede al padre maestro San Martin(13) habiendo este aceptado la mitra que se le ofrecía, la curia Romana lo preconizo y el 27 de junio de 1552 se le despacho las respectivas bulas, cuando aún se encontraba en la península gestionando los asuntos que confiara a su persona la ciudad de los Reyes, pues debido a las penosas dolencias que agobiaban al capitán Jerónimo de Aliaga todo el peso venía a recaer en él, llega la real cedula y el padre San Martin recibe la unción episcopal(14) ceremonia que se realizó en san Esteban de Salamanca, con la solemnidad y pompa que de aquel insigne convento bien se podía esperar, el 23 de febrero de 1553 hizo en Madrid la erección de su iglesia y cabildo(15) embarcándose de regreso a esta ciudad de los Reyes hacia mediados del referido año.

Al comenzar 1554 ya se encontraba el padre San Martin en esta ciudad, con la misma diligencia y actividad que solía desplegar cuando traía entre manos algún asunto de interés colectivo(16) contribuía a organizar esta casa de estudio general, fruto de sus desvelos, pues aunque ya estaba fundada como un año(17) no lograba sin embargo regularizar sus funciones docentes, pues carecía de maestros para dotar las cátedras mayores, solo se leía entonces latinidad y artes, servidas por los frailes de la orden de santo Domingo, quienes no llevaban salario alguno(18) si bien la Reina por cedula del 10 de mayo de 1551, asignara 3,000 pesos de oro librados en la real caja de la ciudad de los Reyes, aquella suma se invirtió en habilitar las respectivas aulas y oficinas, dotándolas de los enseres necesarios para los estudiantes para comenzar a llenar sus tareas.

Como la real cedula de erección ya citada disponía que esta casa de estudio general se estableciese en el monasterio de santo Domingo de esta ciudad, entre tanto no se acuerde otra parte (19) allí quedo instalado en el claustro principal, cuya robusta fabrica que se iba labrando en cantera y ladrillo, era ya reputada como la más hermosa de la ciudad de los Reyes (20).

 

1-   “los señores de justicia y del regimiento recibieron el juramento del padre Tomas de San Martin y del capitán Jerónimo de Aliaga, en forma debida y de derecho cada uno según su habito y profesión, juraron que en todo miraran harán y guardaran lo que más convenga al servicio de Dios nuestro señor y de su majestad el Rey y velar por el bien común de esta ciudad; a la conclusión del juramento son apercibidos y encargados que así lo hicieran, Dios nuestro señor los ayudase en cuerpo y anima, de lo contrario los demandase mal y caramente, como quien perjura y jura su santo nombre en vano; dijeron fuerte “si juro” amen y firmaron. Libro IV de cabildos de la ciudad de los reyes, pag xc.

2-   El día 25 se les entregaron los poderes y despachos bajo inventario, de ello se dejó constancia en el respectivo libro de actas, las cartas que se les dieron eran las siguientes: una para el príncipe don Felipe, otra para el conde de Benavente, otra para el condestable de Castilla, otra al real consejo de indias, otra para su presidente, otra para el arzobispo de Sevilla, otra para el consejo real, otra para don Luis de Acuña, cuatro para los oidores de los consejos real de Castilla y supremo de indias, otra para el secretario Juan de Sámano, otra para el arzobispado de Toledo, otra para el cardenal de Burgos, otra para don Francisco Tello, otra para el comendador Zarate, otra para el duque de Alva; de acuerdo con el pliego de instrucciones, los procuradores debían pedir al monarca diversas mercedes: título de muy noble y muy leal para la ciudad de los Reyes, que su cabildo fuese exento de la jurisdicción ordinaria, que los oidores fuesen residenciados, que los conquistadores gozasen de privilegios, que los hijos del marques Pizarro fuesen amparados, que los prelados no pudiesen pedir el diezmo de los tributos que pagaban los indios a sus encomenderos, que los vecinos feudatarios pudiesen obtener oficios reales conservando su encomienda, que los repartimientos se prorrogasen por otras dos vidas. Libro de cabildos de la ciudad de los Reyes pag LXXXXI.

3-   Don Pedro de la Gasca y los procuradores se embarcaron en el puerto del Callao de esta ciudad de los Reyes el 28 de enero de 1550.

4-   “que estas partes están tan remotas de España y los hijos de los vecinos y naturales no tienen donde enviar a sus hijos a estudiar, enviarlos a España representaría hacer grandes gastos y por falta de posibilidades algunos se quedarían ignorantes, pedimos y suplicamos a su majestad tenga a bien y nos haga merced, que en el monasterio de los Dominicos de esta ciudad haya estudio general , con los privilegios y exenciones y capitulaciones que tiene el estudio general de Salamanca, libro IV de cabildos de la ciudad de los Reyes pag LXXXXI.

5-   Había ya humillado a los príncipes protestantes confederados contra el en la liga de Schmalkalda, y se reponía de sus fatigas pasadas en Gante entre sus leales vasallos flamencos.

6-   La carta del cabildo al emperador corre inserta en el libro de sus actas y dice así: “S.C.C.R.M. después que estas tierras se descubrió y conquisto y gano en nombre de su majestad el Rey, esta ciudad no ha tenido la oportunidad de besar los pies de vuestra majestad por las grandes mercedes que siempre ha hecho y hace, y que cada día se espera que vuestra merced hará particularmente a esta ciudad de los Reyes, ahora que Dios nuestro señor ha sido servido darnos paz, por haber enviado al licenciado don Pedro de la Gasca, en vuestro real nombre que con buen celo, cordura y valor se ha comportado, habiendo hallado a los vasallos de vuestra majestad tan deseosos de vuestro real servicio y principalmente a esta ciudad, esta tierra esta pacificada y castigados los rebeldes a vuestra real corona, con que se ganó perpetua libertad para servir a su majestad como los más leales vasallos, pareciéndonos tiempo oportuno acordamos elegir y nombrar en nombre de esta ciudad al padre maestro fray Tomas de San Martin , prior provincial de la orden de los predicadores de estas provincias, para que como persona de crédito besen los pies de vuestra majestad, por la benignidad y gran clemencia que con todos a usado, así mismo le informe de la riqueza y calidad de ellos, suplicamos a vuestra majestad  humildemente los oiga y les de el crédito que conviene por ser las personas elegidas para tan alto fin, nuestro señor tenga a su majestad con salud y señorío de mayores reinos; firman: don Antonio de Ribera, Francisco Talavera, Sebastián Sánchez de Merlo, García de Salcedo, Nicolás de Ribera, Francisco Ampuero, Cristóbal de Burgos, el licenciado Rodrigo Niño, Antonio del Solar, juan Cortez, rubrica el escribano del cabildo don Diego Gutiérrez. Libro IV de cabildos de la ciudad de los Reyes.

7-   Don Jerónimo de Aliaga murió en villa Palacios señorío del conde de Paredes, el año 1564 probablemente a consecuencia de la enfermedad que padecía.

8-   El memorial de don Diego de Robles corre inserto en el tomo XI de la colección de documentos inéditos para la historia de España, se intitula “apuntes para el acierto del Perú y buen trato de los naturales”.

9-   Se puede ver en la monografía libro IV de la ciudad de los Reyes.

10-               Así lo entendieron los padres Dominicos desde el primer momento, por eso se apresuraron en dotar las cátedras mayores con 350 pesos oro de renta al año, con cuyo aliciente muchos letrados seculares acudieron a servirlas.

11-               Dicha cedula dice así: por cuanto fray Tomas de San Martin, de la orden de santo Domingo, provincial de dicha orden en las provincias del Perú, nos ha hecho una relación que en la ciudad de los Reyes está hecho y fundado un monasterio de su orden , en el cual hay buen aparejo para hacer un estudio general, que sería muy provechoso porque los hijos de los vecinos de ella serian adoctrinados y enseñados, cobrarían habilidad, con los privilegios franquezas y libertades que hoy tiene la universidad de Salamanca, por el bien y ennoblecimiento de esta tierra pedimos a su majestad que en dicho monasterio de santo Domingo por el tiempo que vuestra merced lo desee, entre tanto no se de una orden contraria; día 12 de mayo de 1552, firman Juan de Sámano secretario de su majestad, el licenciado Gutiérrez Velásquez, el licenciado Gregorio López, el licenciado Sandoval, el doctor Hernán Pérez, el doctor Rivadeneira, registrado por Ochoa de Luando, por el canciller Martin Ramoyn.

12-               Se erigió aquella sede el 27 de junio de 1551, en virtud de la bula que comienza “super specula militantes ecclesiae”.

13-               Fray Pedro Delgado que había sido presentado para obispo de la nueva diócesis rehusó aquella dignidad, libro “teatro eclesiástico de las iglesias de indias” tomo II.

14-               Aún no se había acordado que los obispados creados por las diócesis de las indias se consagrasen aquí, pues aquella disposición solo comenzó a regir en el siglo XVII y tuvo por objeto cortar los abusos que en esta materia se habían venido introduciendo, con notable detrimento del buen régimen de estas iglesias, pues muchos prelados se consagraban en España y con fútiles pretextos se detenían allá indefinidamente, esperando que vacase alguna sede en la península para luego pedir su traslado, moviendo poderoso influjos.

15-               Colección de bulas, tomo II pag 280 donde trae el texto íntegro de la erección.

16-               La fábrica del convento del Rosario de Lima se debió a fray Tomas de San Martin, decía el padre Lizárraga “oí decir al padre fray Antonio de Figueroa, un religioso nuestro muy esencial, gran siervo de Dios, verdadero hijo de santo Domingo, que fue mi maestro de novicios, que fray Tomas de San Martin era un provincial que salía de su iglesia por la mañana con un bordón, caminar y ver sus asuntos todo el día hasta la noche que regresaba al convento a veces hasta sin comer. Descripción y población de indias, libro I, cap XXII pag 30 publicado en 1908.

17-               Como su permanencia en la corte viniese prolongándose más allá de lo que el calculara, para no defraudar en sus justos anhelos a esta ciudad de los Reyes, ni privarla con su demora de los frutos a los vecinos de la nueva institución la universidad, determino remitir a su cabildo la cedula y reales despachos que para ella había obtenido, es así como el estudio general pudo fundarse antes que el padre maestro San Martin retornara a esta ciudad. Del libro tesoros verdaderos de las indias, tomo I publicado en roma en 1681.

18-               Pues en el capítulo que celebro la provincia en su convento del Rosario el año 1553, se mandaron crear las cátedras de gramática, retorica, artes y teología. Del libro tesoros verdaderos de las indias, tomo I, lib IV cap III.

19-               Véase la nota 11 de esta monografía.

20-               Sin embargo refiriéndose a este claustro el maestro Meléndez dice: “no es la más prima su fábrica, pero juzgo que es la más fuerte, porque es de aquellos principios en que se atiende más que al follaje y curiosidad de agallones, motilos y arbotantes, a la duración de los edificios por los continuos temblores que acometen con furia toda esta costa, vecina al mar y así está todo forrado de valientes bisagras y abrazaderas de fierro, debajo del enlucido, y embebido en los cuerpos de pilastras y columnas. Del libro tesoros verdaderos de las indias, gruesas almas del Vizcaíno tomo I, lib I, pág. 59.
 


 

viernes, 9 de mayo de 2014

LA PERLA DEL CHIRA


ROQUE SAENZ PEÑA

Nace el 19 de marzo de 1851 en Buenos Aires, su progenitor el doctor Luis Sáenz Peña que en 1892 ejerciera la presidencia de la Republica Argentina, oriento como debía a su hijo y procuro darle esmerada y solida educación, en las aulas universitarias dejo su nombre bien puesto, revelándose como un hombre al cual se le ofrecía a manera de hermosa perspectiva un lisonjero provenir.

A los 23 años figura ya Sáenz Peña en las contiendas políticas Argentinas, en 1874 aparece su nombre ligado a la guerra civil al lado de las autoridades constituidas vistiendo la casaca de oficial, que desencadena el 24 de setiembre el general Mitre contra el régimen gubernamental del doctor Nicolás Avellaneda, no obstante el prestigio del portavoz de aquel movimiento la revolución es sofocada, pero se logra con todo la conciliación de los partidos y se garantiza la libertad de sufragio; Roque Sáenz Peña es elegido diputado en 1876 y puede decirse que a partir de ese momento ingresa a la carrera publica, se exhibe como un batallador infatigable alcanzando en 1878 la presidencia del consejo provincial de Buenos Aires, marcando su administración un índice de progreso evidente y comprende que lo que necesita la republica es instruirse y educarse, tiene muy presente en la memoria los frutos recogidos por Sarmiento, imbuido de las ideas de justicia que defiende y las exalta en la Guerra del Pacifico lo encontramos como uno de los primeros combatientes, considera que la agresión Chilena no tiene justificación alguna y fiel a su predica se enrola en el ejercito Peruano, lucha heroicamente a favor de una causa que la hace suya porque es la que se afinca en el derecho.

La llegada a Lima en 1879 de este adalid de la justicia asume contornos interesantes, por ser el caso de un extranjero que viene a pelear por lo que cree justo, se le brinda emocionantes agasajos y el 29 de julio de aquel año con motivo de una manifestación significativa de que es objeto el doctor Pablo Arosemena quien era ministro plenipotenciario de Colombia en el Perú, don Manuel María del Valle quien era director de “el nacional” de Lima propone un brindis por la republica Argentina, que es acogido con aplausos fervorosos y al que responde Sáenz Peña con un magnifico discurso, en los párrafos de aquella pieza oratoria es donde puede comprenderse a Sáenz Peña por los conceptos que expone y el lucimiento con que los defiende, no vela con medias tintas su pensamiento y acusa, pero con acusación perentoria a quien a desencadenado la contienda en esta parte de América, emplea en su oración los mas hermosos giros y por eso refiriéndose a Chile lo llama “un silbido del océano”, se incorpora al ejercito Peruano con el grado de teniente coronel y asume el comando del batallón Iquique.

En la junta de guerra que se celebra momentos antes de decidir la suerte de la plaza en Arica, se pronuncia abiertamente a favor de la respuesta histórica que el bravo coronel Bolognesi dirige al parlamentario del ejercito sitiador Chileno, en la batalla de Arica se bate furiosamente al lado de Bolognesi y resulta herido en la refriega, cumpliendo la palabra de honor empeñada quema el también el ultimo cartucho, presencia la caída de sus heroicos compañeros de armas y recoge el ultimo aliento de Bolognesi cuando esta dialogando con la gloria, Sáenz peña es llevado prisionero a Chile y nunca flaquea su animo a pesar del riguroso cautiverio al que a estado sometido, tenia una contextura que resistía los embates del destino encarándolos con energía, al salir en libertad regresa a la Argentina se despoja de la casaca de soldado y vuelve a la vida del bufete, los conocimientos que poseía Sáenz Peña en relación con las disciplinas jurídicas e internacionales eran muy vastas, habiendo leído los textos de los grandes tratadistas y seguido muy de cerca las doctrinas de Dalmasio Vélez Sarsfield el primer jurisconsulto de la republica Argentina y de la América toda, sentía verdadera pasión por el estudio de los códigos y de las constituciones políticas de su patria, escrutando muy a fondo los principios igualitarios proclamados por la revolución de mayo, pudo captar bien pronto el sentido de las doctrinas que se debatían en el viejo y el nuevo mundo.

En 1881 fue nombrado subsecretario del ministerio del exterior, cargo que desempeño lucidamente y siete años después en 1888, el gobierno le confió una misión enaltecedora fue la de representar a su patria en el congreso de Montevideo, la sapiencia de Sáenz Peña se impuso como debía en aquel histórico certamen, sin alardes jactanciosos recorría todas las legislaciones desde la copiosa Romana y la foral Española, para disertar sobre los códigos recientes cuyas disposiciones analizaba y comparaba con maestría, así lo probo cuando le cupo informar en el seno de la comisión de derecho penal, presentando como debía la génesis del delito y de la pena, la responsabilidad del agente y la jurisdicción de los procesos, no menos interesante fue su intervención al tratar el asilo, objeto en repetidas ocasiones de apasionadas controversias, para este fin se remonto al derecho Romano e invoco en su recorrido histórico las doctrinas de Helie y Villefort, Bernard y Battel, diferenciando enseguida los delitos políticos de los comunes, sosteniendo el principio de que el asilo diplomático no protegía a estos últimos debiendo en consecuencia los reos ser entregados para su juzgamiento, tal había sido la tarea fatigante que Sáenz Peña se impuso en el congreso de Montevideo, si sus ponencias no triunfaron del todo por lo menos aclararon muchos puntos oscuros, baste saber que en aquella asamblea figuraban juristas de reputación acreditada, que no pasaron por alto las juiciosas observaciones de Sáenz Peña tan magistralmente sustentadas.
En 1889 volvió a actuar en la conferencia internacional americana de Washington, un año después el 15 de marzo pronuncio su famoso discurso sobre el “zollverein americano” aquí hizo un estudio a fondo sobre el comercio internacional, el régimen aduanero, principalmente el mantenido por los Estados Unidos, las tarifas arancelarias, la liberación de derechos, los tratados de reciprocidad y el libre cambio intercontinental, concluyendo su disertación con estas palabras:

“que el siglo de América como a dado en llamarse al siglo XX, contemple nuestros cambios francos con todos los pueblos de la tierra, atestiguando el noble derecho del trabajo libre, se dice con razón que Dios mide el terreno, iguala las armas y reparte la luz”.

Esta intervención resuelta de Sáenz Peña, no fue del agrado de los delegados norteamericanos John Henderson y Charles Flint, por eso se vio obligado a hacer uso de la palabra nuevamente y explicar con argumentos contundentes en lo que consistía el libre cambio y el proteccionismo, por eso al replicar a Henderson decía:

“yo entiendo que los inmensos y ricos territorios de los estados unidos constituyen una parte del globo terrestre que giran con este alrededor del astro luminoso y reciben la influencia del calor y las estaciones, como el resto del mundo buscando y sosteniendo en la tierra la vida al contacto con todos los centros de la civilización, pero los delegados norteamericanos nos presentan un firmamento compuesto por 42 estrellas fijas y yo deploro que quiera fragmentar, la universal armonía y la vida en que se mueven los pueblos en el globo terráqueo, como los astros en la esfera celeste”.

En la sesión del 25 de marzo de 1890 pronuncio un interesante discurso en el seno de la comisión de comunicaciones por el atlántico, manteniendo el principio de que no debía modificarse el régimen de las tarifas, pues de alterárseles seria con menoscabo de los productos Argentinos y el gobierno de su nación no debería prestarle ningún asentimiento; tal es la forma como se condujo Sáenz Peña en la conferencia de Washington, valientemente se enfrento con los delegados estadounidenses con los cuales libro formidables encuentros, atacaba con su poderosa dialéctica a los contrincantes y defendía los intereses de su país y de latino América, su frase concisa “América para la humanidad” constituye un ataque a fondo que le asesto a la tan debatida doctrina de Monroe, el asombro fue unánime entre los delegados concurrentes al certamen, un escritor y publicista Octavio R. Amadeo refiere que cuando se produjo este acontecimiento inesperado, el presidente del congreso James J. Blaine lo miro con curiosidad y pregunto ¿Quién es este? la prensa mundial lo juzgo como debía destacándolo por haber dicho lo que pensaba sin disimulos ni reticencias, enfrentando gallardamente su parecer, traducido en una doctrina amplia y liberal, contrapuesta en todo a la de Monroe limitada y estrecha, ejerció el ministerio de relaciones exteriores bajo la presidencia de Juárez Celman, fueron muchas las reformas que llevo a cabo, las que se tradujeron en una visible mejora de los vínculos diplomáticos e internacionales que la Argentina mantuvo con los demás países del orbe.

El 18 de agosto de 1905 durante el gobierno del Perú del doctor José Pardo y Barreda, la cancillería servida en ese entonces por el doctor Javier Prado y Ugarteche, invita a Sáenz Peña a concurrir como sobreviviente de la batalla de Arica, a la inauguración del monumento a Bolognesi, para esto el congreso nacional Peruano había ascendido a la clase de general de brigada a Sáenz Peña, el contesta aceptando la invitación y se prepara para partir, grandes homenajes se le tributan en Buenos Aires despidiéndolo, el ascenso merecido con que se le a honrado da lugar a que el 3 de octubre de 1905 se le ofrezca un gran banquete en el “Prince Georges Hall” al que concurre lo mas selecto de la intelectualidad Argentina, Estanislao Zevallos gran orador y político ofrece un brindis, hacen también uso de la palabra el teniente general Luis María Campos, los doctores Bernardo de Irigoyen, José Ramos Mejía y Carlos Saavedra Lamas, Roque Sáenz Peña al agradecer el homenaje pronuncia un discurso subrayando el significado y la trascendencia de su visita a la vieja ciudad de los virreyes diciendo:

“acostumbrados a la oscuridad mas que a la luz y no sin preferencias por la penumbra, habría podido excusar por retracción las emociones de esta fiesta brillante, tanto mas extensiva como mas selecta, pero a poco de meditar sobre su significado la he sentido inexcusable, ella a nacido en verdad de un acto personal y privado, que me disponía a cumplir como se cumplen las promesas con los muertos ilustres, aun cuando nos alejemos por un cuarto de siglo de la partida final e inolvidable de mi gran amigo e ilustre jefe el coronel Francisco Bolognesi, cuyas ultimas palabras me fue dado recoger allá en la breve meseta que matizan con efluvios de purpura las ondas azuladas del mar pacifico, meseta, columna o plinto donde el venerable anciano, con el alma enardecida por todos los cráteres del Misti, que alumbraron su cuna, señalo con las chispas de su espada rota la eminencia de su tumba y la fama perdurable de sus hechos y de su nombre”.

La ovación fue enorme, había cautivado a su auditorio y este lo acompaño con toda su simpatía, cuando reanudando su discurso momentáneamente interrumpido sigue:

“la patria y la conciudadania, son dos conceptos que se funden en un sentimiento, la primera nos inspira orgullo y la segunda nos infunde amor, un amor que se confunde con el de nosotros mismos, pero será necesario que una y otra correspondan a ese afecto con su aporte de felicidad, y ese aporte señores es la libertad y la democracia, el gobierno propio, la conciencia y el pensamiento libre y la ley del trabajo. Que hace inclinar la frente de los pensadores sobre el libro siempre abierto del derecho humano, que guarda los secretos de la felicidad del mayor numero”.

La llegada de Roque Sáenz Peña a Lima fue un acontecimiento pocas veces presenciado, todas las clases sociales del país sin distinción alguna se agruparon en torno del hombre que llegaba a rendir a Bolognesi el homenaje póstumo, el entusiasmo era delirante y atronaban el espacio con sus aplausos y vítores, el gobierno le dispenso al héroe honores hasta entonces nunca vistos, el día de la inauguración del monumento que fue el 5 de noviembre de 1905, el fervor patriótico era indescriptible y Roque Sáenz Peña mandaba la línea recorriendo los jirones céntricos de la capital montado a caballo y seguido de su estado mayor, su figura arrogante se imponía sobre el brioso corcel y cuando la comitiva oficial hacia su entrada al paseo Colon, rumbo a la plaza el desborde fue incontenible, aquello era la consagración de la apoteosis de Sáenz Peña, nada hay comparable a tan significativa efemérides, contagiados de ardor patriótico los escolares recorrían las calles recordando el fausto acontecimiento, sin paralelo en los anales de la historia del Perú, el amor a la patria se exteriorizaba en esos momentos culminantes en que las bandas del ejercito tocaban los himnos patrios y ejecutaban marchas marciales, los soldados desfilaban en orden perfecto frente al monumento de Bolognesi, la multitud frenética se agolpaba ávida de contemplar esta obra escultórica de Querol donde se reproduce en toda su integridad la tragedia, Sáenz Peña caminaba por entre una ola humana y el clamor se agigantaba, como diría un poeta “bajo el crepúsculo gris de la tarde violeta”.

El discurso de Sáenz Peña solo fue conocido en su totalidad al día siguiente que lo insertaron en sus columnas los diarios matutinos, esta pieza oratoria es única y en sus diversos pasajes se asiste al combate de Arica y a la inmolación de Bolognesi, esta hecha para saludar a la gloria y prosternarse de rodillas ante el sacrificio consumado en el peñón solitario, donde parece escucharse todavía el estruendo del desigual combate mantenido por un grupo de valientes, evoca paso a paso los varios incidentes de la jornada, un hondo y dulce lirismo informa las clausulas sonoras en que se desborda el sentimiento y resulta perfecto el corte afiligranado del discurso como leerán enseguida;

Mi coronel Bolognesi

Uno de tus capitanes vuelve de nuevo a sus cuarteles, desde la lejana tierra atlántica llamado por los clarines que pregonan tus hechos esclarecidos, desde el Pacifico hasta el Plata y desde el Amazonas hasta el seno fecundo del golfo de México, que le presta su acústica sonora para repetir tu nombre sobre otras civilizaciones y otros pueblos que nos han precedido, en la liturgia de la gloria y en el culto de los próceres y de los héroes; yo vengo sobre la ruta de mi consecuencia, siguiendo la estela roja de mi coronel, fulgor de grana que conmovió al pacifico con las tempestades de la guerra, que hoy contempló alumbrada por los resplandores de la paz en el fausto concierto de la gratitud y en la marcha triunfadora del engrandecimiento nacional.

Regreso con distancia de un cuarto de siglo, pero vuelvo sin olvidos y sin retardos, porque llego en la hora justa de tu apoteosis, que tampoco la posterga la lentitud de tu pueblo, ni trataron de omitirla las nuevas generaciones que recibieron bajo el casco guerrero de su progenitores el ósculo final de la partida, brindando las mescladas sonrisas de la orfandad al culto perenne de la patria, a su defensa y a su integridad y si han sido necesarios cinco lustros para modelar tu efigie en la pasta candente de los inmortales, es porque los grandes hechos que consagran los pueblos agradecidos, deben ser definitivos, indiscutidos e infalibles, y este juicio solemne y supremo solo puede pronunciarlo la posteridad, porque la gloria es un fruto de lenta maduración, que no han de fecundarlo los mismos soles que le vieron florecer.

Llegamos pues a honrar los actos que te dieron el renombre en la hora justa y en su momento histórico, cuando ya no gravitan sobre la tierra sino escasos eslabones de tu generación y pueden contarse sin esfuerzo los soldados inválidos de epopeya, diseminados y dispersos como las tablas de la nave que desunió con furia la tempestad, para recomponerse sobre la playa hospitalaria en la mañana serena y en las horas del día que disipan y calman los huracanes, son en efecto otros hombres los que me es dado mirar al pie de tu monumento, son otras fisonomías las que me estrechan la mano y me confunden en un abrazo popular y efusivo, a titulo de amigo tuyo, como si fuera el portador de tu palabra postrera, depositario de tu voluntad suprema, confidente o mensajero de tus anhelos y designios, pero aquí se encuentran todos tus sobrevivientes, que recibieron el ejemplo de tus virtudes cívicas, tus enseñanzas de honor militar y el deber austero y probo que consumo tu inmolación, ellos atestiguan como yo que en el fragor de la batalla, como en las inquietudes de la defensa y en la hora doliente del sacrificio, el coronel Bolognesi era un alma suspendida sobre el alma de su ejercito, para comunicarle sus alientos, su inspiración y su fe, era brazo y era ideal, patriotismo y deber, desprendimiento y heroísmo, que en las abstracciones de su mente como en la vaguedad de su mirada, dirigida mas sobre el firmamento que sobre la tierra, parecía hablar con la posteridad como con invisible interlocutor, que no escapaba al contacto ni a la visión patriótica de sus soldados cuando monologaba con la gloria o interrogaba el destino de su patria, reproduciendo sobre las altiveces del peñón bravío el dialogo interminable de los vientos y de las olas.

Señores

Lo conocí batallando sobre el cerro de Dolores, contraste que conmovió su espíritu y quebranto su cuerpo debilitado, ya por las fatigas de la marcha y por el duro batallar de aquella tarde sin sol para las armas del Perú, llego a Tarapacá y al desmontarse de su caballo de guerra cayo postrado por altísima fiebre, hasta que el nuevo toque de generala le hizo olvidar la congestión y sus delirios, quebrantando la consigna medica, tal vez la única consigna que no cumplió en su vida de soldado, trepo la altiplanicie y conquisto el laurel marcial que la adversidad le negara en san Francisco.

Fue en Arica donde me honro con su amistad, en esa relación intima de una guarnición bloqueada por las fuerzas de mar y estrechada en aro férreo, por un ejercito de tierra, el servicio de guarnición fue pesado como el aislamiento que incomunico esas tropas con el resto, en esa vida cariñosa e intima del hogar militar, brotaron vínculos, crecieron los afectos como crecen las flores cultivadas en suelo generoso, la vida corrió grata en la fraternidad de la carpa y del vivac, el espíritu del jefe penetraba el interior de los cuarteles, doblaba la vigilancia, preparaba las armas y la defensa con serenidad no interrumpida, hasta la mañana del día 6 en que cruzo la débil corriente del Azapa un oficial parlamentario, la frente de Bolognesi se vio cargada de sombras como si todas las tinieblas se hubieran conglomerado ante la siniestra idea de una capitulación, llamo a la junta y cedió la palabra al parlamento y espero con arrogancia, mezclada de zozobra el voto de la defensa que no se hizo esperar, aquel fue mas que unánime, porque fue explosivo y estallo como la protesta de un agravio, para encender la frase histórica que debiera pronunciar el gentil hombre de cabellos nevados, de sable rojo y de espuelas punzadoras, hablo con los pesares disipados, con las zozobras borradas de su mente y el corazón desbordante de paternal orgullo, porque allí estaba para el la gran familia Peruana, reducida en el peñasco silencioso a su verdaderos hijos de armas.

¡Pelearemos hasta quemar el último cartucho!

Provocación o reto a muerte, soberbia frase de varón, condigno juramento de soldado, que no concibe la vida sin el honor, ni el corazón sin el altruismo, ni la palabra sin el hecho que la confirma y la ilumina, para grabarla en el bronce o en el poema, como la graba y la consagra la inspiración nacional; y el juramento se cumplió por el jefe y por el ultimo de sus soldados, porque el bicolor Peruano no fue arriado por la mano del vencido sino despedazado por el plomo del vencedor, lo que vino después ya lo sabéis; el sacerdote de ese altar granítico, el guerrero y el señor de esas alturas, fundió en plomo su inmortalidad, esfumándose en los cielos y dejando en la sonrisa de su labio yerto la placida expresión de un varón justo, que ha rendido la vida en el sagrario y que abandona la tierra bendiciendo a su patria y a sus soldados.

Ningún corazón Peruano discutirá la conveniencia del esfuerzo heroico, la arrogante actitud de Bolognesi no se mide con el cartabón del éxito, ni con las mercenarias exigencias del calculo, ella se siente y se sueña, se realiza y se confunde con el alma de su progenitor, y es por eso que los lauros marciales de Bolognesi no tuvieron una gestación penosa, ni fueron fruto de una larga maduración, mas que una foja de servicios comunes, es un fuerte contacto con el destino, un rayo de inspiración y de luz, en la hora triste del crepúsculo, cuando el alma se repliega sobre si misma, cuando la naturaleza se vuelve silenciosa y la plegaria de la patria asoma al labio, con recogimiento y emoción así se consagra Bolognesi ese gesto sublime de tu vida militar.

Por eso las manos de tus soldados, te presentan las armas nacionales vencedoras en Tarapacá y vencidas en Arica, pero no rendidas y por eso la bandera bicolor sostenida por la mano de otras generaciones y otros hombres, flota al soplo y al aliento de la gratitud Peruana, saludando tu proeza y tus virtudes, las ultimas valen las primeras, porque la corona cívica discernida al ciudadano ni obscurece las palmas del soldado ni tampoco desmerece a su contacto, si la evolución de las ideas suprimiera el poder militar de las naciones, si la humanidad extirpara en un gran día los excesos de la guerra, si la voz de la razón constituyera con el alma democrática el patrimonio o el lema de nuestros pueblos, haciendo del arbitraje la noble magistratura de la familia latino americana, si la obra de los tiempos llegara a convencernos que las naciones llamadas a prevalecer no son las que cuentan mas soldados, sino las que revistan mas obreros y mejores ciudadanos, ese gran desiderátum de los hombres de bien no conmovería tu estatua sobre su asiento de granito, porque la justicia, el estoicismo y el severo patriciado habrían sobrevivido a los perfiles marciales de tu efigie, y a cambio de soldado heroico te llamaríamos el primer ciudadano de tu tiempo si no fuera que la memoria de Grau vive.

Coronel Bolognesi

Tus sobrevivientes te saludan sobre el pentélico sagrado, porque la selección siniestra de la muerte decapita la flor y no la yerba, que ha de perecer también en el desgaste común de las vegetaciones imperfectas, pero todos rodeamos tu monumento y si he surcado dos piélagos para traerte la ofrenda de mi corazón, es porque tu noble patria tenia el derecho de exigir que no faltara a esta cita ninguno de tus soldados, y todos los que vivimos hemos dejado caer de nuestras manos los instrumentos de trabajo y desandando camino sobre la prosa de la vida, venimos a refrescar en el recuerdo que es la fuente de la juventud lejana, las horas gratas de tu dulce amistad y a sentir las emociones y regocijo de tu pueblo en esta fiesta nacional, porque los muertos ilustres no se lloran, se saludan, se aclaman y se veneran.

Mi coronel:

Recuerda vuestra benevolencia y recibid los homenajes de esta palabra amiga, de esta voz que no os fue desconocida, ultima sombra ensangrentada que miro tu pupila moribunda, ultima mano que estrecho la tuya en el altar trocado en vasto osario, que hoy te hace la venia saludando tu inmortalidad, te presenta estas armas que la juventud Argentina me ha entregado al partir, juventud que ama lo grande, como admira lo heroico, porque tuvo su cuna en los grandes ejércitos patriotas que trasmontaron los andes y llegaron hasta el Ecuador en gloriosa cruzada libertadora, esa juventud no ha olvidado nuestra génesis, ni desestima su estirpe, busca la solidaridad, tiende los brazos a través de las cordilleras y los mares, para acercarse a ese pueblo generoso, que don José de San Martin declaro libre por la voluntad de los hombres y de la justicia de su causa defendida por Dios, se que en la hora solemne de vuestros recuerdos nacionales, nobilísimo pueblo del Perú, también laten vuestros corazones y también se agitan vuestras manos para saludar desde Lima a las nuevas generaciones de los hijos del Plata, pero estas armas que me honro en presentarte son también las de tu ejercito y de tu pueblo, porque las puso en mis manos el congreso de tu nación con el grato asentimiento del congreso Argentino, donde se ha vuelto a escuchar sentimientos y votos calurosos por la felicidad y grandeza del Perú.

Mi gran amigo, es tan intensa mi emoción como mi gratitud, asistiendo a tu apoteosis al frente de tu ejército, que el excelentísimo gobierno ha confiado a mi comando como un homenaje a ti, por la amistad con que me honraste pero que es también insigne honor y altísima distinción.

Señor presidente de la Republica Peruana

La expresión de mis afectos y de mis sentimientos en este día no quedaría completa, si no agregara los que debo y tributo a vuestro gobierno y a vuestra persona, al honorable congreso de la nación, a vuestro ejército y al nobilísimo pueblo del Perú.

He dicho.

De regreso a la Argentina después de su gira triunfal en el Perú, Sáenz Peña recibió diversos encargos de su gobierno ante las naciones extranjeras, así en 1906 fue enviado comisionado a las bodas del Rey de España, en 1907 se le acredito como presidente de la delegación Argentina a la segunda conferencia internacional de la paz celebrada en la Haya, en este foro expuso con lucimiento sus ideas en relación con la doctrina Drago y con el establecimiento de la corte permanente de arbitraje, se pronunciaba abiertamente contra los métodos de fuerza para zanjar las diferencias entre los estados, propugnaba y mantenía con firmeza la institución del arbitraje obligatorio y del tribunal permanente.

El 12 de octubre de 1910 Roque Sáenz Peña asumía la presidencia de la Republica Argentina, después de haber vencido en las urnas a su contendor el doctor Guillermo Udaondo; en el mensaje que Sáenz Peña leyó ante el congreso nacional el 12 de mayo de 1911, consagro un capitulo especial a la instrucción pública diciendo:

“la instrucción primaria que interesa a la inmensa mayoría de los habitantes cuya cultura es esencial en una democracia, tiene la atención constante de mi gobierno, elevar el nivel intelectual y moral del pueblo, es darle aptitud para el libre y consiente ejercicio de sus derechos, se ha dicho con razón que elegir es deliberar y discernir, pero la ignorancia no delibera ni discierne”

Su administración fue proficua en todo orden y se caracterizo por la dación de la ley electoral de 1912, que abatió a la oligarquía política imperante y garantizo la libertad de sufragio, esta actividad infatigable de Sáenz Peña fue quebrantando su salud al punto de tener que solicitar licencia, desgraciadamente la ciencia medica nada pudo hacer para contrarrestar el mal que lo aquejaba, falleciendo en Buenos Aires el 9 de agosto de 1914; la noticia de su deceso causo honda impresión en todo el mundo, decretándose en la Argentina grandes honores, en todas partes se ensalzo su obra y enalteció su memoria, en el Perú la memoria de Roque Sáenz Peña estará siempre presente, en el granito y en el bronce quedan perennizadas su vida y obra, ambas pertenecen al dominio exclusivo de la historia y la posteridad.

FRANCISCO PIZARRO Y LA CONQUISTA DEL PERU (SEXTA PARTE)

El Cuzco ha caído
Los sacrificios al Dios Inti
Se trocaran en misas
Tus chullos y tus mantos
Serán sotanas y mitras
Tus quipus quedaran mudos
Hablaran los alfabetos
Del idioma de otra raza

Tomado el Cuzco manco Inca quien era otro de los hijos de Huayna Capac, en pago de su traición fue proclamado Inca por los españoles pero sin verdadera autoridad, después de un tiempo indignado de los excesos que cometían los hispanos con sus hermanos de raza, se levanta sitiando el Cuzco en una guerra proclamada como santa se apodera de la colosal fortaleza de Sacsahuaman, donde es vencido por una hábil estratagema de los conquistadores, Cahuide el Inca fornido y valeroso quien tenía a su cargo la defensa de la alta torre, se lanza envuelto en una manta para estrellarse en el abismo antes de sobrevivir a la derrota.

Derrotado manco Inca se refugia en Vilcabamba desde donde batió siempre a los conquistadores, hasta que muere asesinado por un español que fingió ser un desertor y pidió alojamiento y protección, los principales jefes reunidos eligen al Inca Sayri Tupac para sucederlo.

Don francisco Pizarro se encuentra en el Cuzco moviéndose sin descanso, receloso ya no tanto de los indios sino de sus propios conmilitones, Hernando de Soto y Almagro lo tienen desvelado, sobre todo Almagro, quieren obligarlo a compartir el gobierno y señalar limite a sus dominios.

¡Qué desvergonzados! Exclama don Francisco.

Como si él no hubiera descubierto el Perú, como si sus títulos de gobernador no los hubiera recibido de las propias manos del Rey ¡no me dejare! Dice con fuerza, primero la vida que ceder, el tigre no abandona la presa a los chacales, aunque los chacales tengan también su punta de derecho.

Cautela, aconseja la prudencia, los Almagro son astutos y fieros, sienten ansias de sobreponerse a mí su capitán general; mejor es que me aleje del Cuzco y busque un lugar estratégico para fundar el nuevo centro del Perú, es preciso que este nuevo centro recaiga en un sitio no muy alejado de esta capital indígena, pero que tenga inmediata salida al océano, pudiera ser que las armas me sean adversas y necesito una puerta bastante amplia para salvar el percance.

Piura no me gusta, está demasiado al norte, Trujillo quizás, Arequipa mucho menos, está en una posición mediterránea no reúne las condiciones apetecidas, tal vez Pachacamac, si iré hacia allá.

Ved, ved ya asoman allá en la lejanía tres jinetes hispanos, buenos caballos, salta la arena botada por los cascos, avanzan cerca de la playa húmeda.

¿Quiénes son?

Son Ruiz Días, Juan Tello y Alonso Martin de don Benito.

Son los comisionados por el señor capitán gobernador Francisco Pizarro, que acampa en Pachacamac y busca buen asiento para la nueva ciudad.

Rímac, Rímac el hablantín, así llaman los indios a ese rio ruidoso que se descuelga de lo alto, desde las cimas de nieves eternas, rugiendo, golpeando, estrellando sus aguas contra las guijas y peñascos de su lecho rocoso, corre se avienta y desgalga codicioso y potente entre pétreos faldares, hasta llegar tranquilo, sereno, suave, manso, bastante disminuido hasta cierto valle dulce, muy ameno, sencillo y cercano al mar.

Animados poblados laboriosos amenizan el valle, verde valle.

Baten sus flecos los maizales, alzan su talle esbelto los carrizos cimbreantes, dulce vida campesina.

Los naturales son por acá, suaves, pausados, les place conversar, los alaga el adorno en el vestir, las mujeres son hermosas y miran hasta el fondo de los ojos a los hombres, tienen húmedos los labios y caminan moviendo las sayas primorosamente.

Lindo temperamento el de este valle.

No se tirita en el invierno, no se suda en el estío, suave sol, lluvias leves, garuantes.

Cielo de Lima, maravilla policroma, plomo redondo en los inviernos tristes, franqueza azul celeste finísima de las sencillas primaveras, paleta a todo trapo de los estíos frescos, está poblado densamente, Surco, Maranga, Limatambo la sede del cacique.

Ya retornan a Pachacamac los tres comisionados, don Francisco Pizarro los hace jurar que el sitio escogido es el mejor, Ruiz Días le indica que un poco más al norte se extiende el ancho valle del Rímac, con grandes posibilidades estratégicas y económicas.

Don Francisco envía a don Diego de Almagro al Cuzco, mientras el prepara la partida hacia el valle del Rímac, tendrá la compañía de Tello, Mazuelas , García de Salcedo, de la Presa, Riquelme y Ruiz Días

Morro de Surco, trepan, que bonito es el mar en este sitio, el piélago monótono y monocromo, arenales, dunas, vientos que meten arenilla en los ojos, cabalgan los siete aventureros.

Don Francisco Pizarro resuelve fundar una ciudad que fuese la capital de sus dominios, para este efecto elige un sitio a orillas del rio Rímac en el valle del mismo nombre, y que dista doce kilómetros de la costa, pone la primera piedra el día de la epifanía 18 de enero de 1535 y la llamo Ciudad de los Reyes, el escribano de la Presa a cabalgado todo el día para las firmas respectivas, pues algunos estaban atareados en una comisión de don Francisco.

Reparto de solares, plaza, iglesia, cabildo, cárcel, gobernación.

Ya un cierto fraile mercedario se apropió del oratorio del cacique, hizo una ermita, puso un altar y candeleros, utensilios de culto, desde allí el mercedario con su sotana blanca divisa el verde interminable de aquel valle, vuelan los gallinazos a la vera del Rímac, cerros al fondo y el más notable, Vamos que se llame san Cristóbal, el fraile dice misa y explica el catecismo acompañado de un traductor a los indios del valle, que no entienden ni pizca pero escuchan muy atentos, cuando repica la campana los naturales del contorno cesan de trabajar, van hacia la ermita les gusta el alegre repique.

Esta mañana están en cuclillas y en mangas de camisa, han clavado sus aceros en la tierra, es el señor Francisco Pizarro y don Juan Tello, fundan Lima señores al poner una estaca que es para la iglesia, es el primer mojón, histórico mojón.

La huaca de la ermita ha venido a quedar entre los linderos del solar conferido a don Gerónimo de Aliaga.

Los naturales sudan fieramente este verano, hacen adobes, mas adobes, alzan muros, mas muros, un pilón en la plaza surte agua, no bebas agua sucia dice el consejo incaico, tiempo, tiempo.

Va prosperando la ciudad, la plaza ya está cercada de edificios no tan buenos, más por algo se empieza, vienen de España plantas, animales, objetos y vecinos; el palacio de la gobernación va prosperando, tiene muy buenos muebles, magnificas cortinas, un jardín pintoresco poblado de naranjos y de higueras, ya dan naranjos los naranjos, ya dan higos los higos.

Las desavenencias entre Pizarro y Almagro recrudecieron, para esto acordaron someter el litigio a la decisión del Rey de España, entretanto iría Almagro a conquistar Chile, de cuyo lugar le habían dado gratas noticias, pudiendo radicarse en el si le convenía y si no volvería.

Emprende Almagro la arriesgada empresa siguiendo el desierto de Atacama, atravesando los andes hasta llegar al valle de Copiapo, allí conoció que el lugar era pobre y no podía satisfacer sus anhelos, regresa al Perú con sus soldados diezmados y abatidos, se dirige al Cuzco pero los hermanos de Pizarro le impiden la entrada, Almagro se queda por los alrededores y aprovecha este tiempo para ganarse una parte de las tropas de su adversario, una noche oscura se acerca sigilosamente a la plaza y desarma a los centinelas, coge prisioneros a los Pizarro y se hace dueño de la ciudad, don Francisco Pizarro acude a la defensa de sus hermanos y el 26 de abril de 1538 se dio la batalla de las Salinas, que fue larga y sangrienta, saliendo victorioso don Francisco Pizarro; preso e inicuamente juzgado a Almagro se le condenó a muerte por traición.

El viejo militar al oír la fatal sentencia, sintió que se le debilitaba aquel valor del que había dado tantas muestras en medio de las más peligrosas aventuras, pidió con humildad que se le perdonase la vida, que por los achaques de su vejes no tardaría en extinguirse, les recordó que era uno de los primeros asociados de Panamá y amigo de don Francisco, no se le escucho.

¡Pobre don Diego!

Don Hernando Pizarro le corto la cabeza y la puso en una pica exponiéndola en el Cuzco.

Tuviste mala suerte tuerto leal, pésima suerte, te toco el lote más malo, el más malo de todos, ser compañero de uno de los hombres que la vida nos suelta de rato en rato, que todo lo tienen que arrasar para cumplir con su destino.

Tuviste buena estrella mientras colaboraste, apuntalaste, mientras fuiste aceptable rodrigón para tu socio Pizarro, pero perdiste cuando repleto de humos, vanidades, tonteras te opusiste a la tromba que era el sino de don Pancho Pizarro.

El adelantado don Francisco Pizarro creyó que terminada la guerra civil y desaparecido Almagro las cosas mejorarían, deseando dar actividad a sus subordinados los envió a descubrir otras regiones, entre las expediciones más notables figura la enviada a Chile a las órdenes de don Pedro de Valdivia, y de otra enviada al este de Quito capitaneada por Gonzalo Pizarro y acompañado del tuerto Orellana quien descubre el Amazonas, el rio más grande del mundo.

El marques Francisco Pizarro se preocupa de la prosperidad de esta capital, después de oír misa trepa a su caballo y recorre los valles, se preocupa de los grandes problemas que ya asoman, el cabildo funciona con toda actividad, es alcalde don Nicolás de Rivera, el viejo compañero de la isla del gallo, acompañan la ancianidad robusta del marques Pizarro, su compañera doña Inés hija de Huayna Cápac y hermana de Atahualpa, quien es joven y bella y la acompañan sus hijos Gonzalo y Francisca.

Lima vive tranquila tras las grandes trifulcas anteriores, pero ya se conspira, el hijo de Almagro aconsejado por su tutor Juan de Herrada, jura vengar la muerte de su padre y no le cuesta mucho reunir buen número de partidarios, los Almagristas conspiran sin embozo, dicen su desagrado a voz en cuello, Lima la ciudad de las bolas.

Se dice que de Herrada ha comprado cotas de malla, espadas y puñales.
Se dice que es con el propósito de asesinar a don Francisco Pizarro.

El adelantado don Francisco tiene conocimiento del complot pero no quiere dar crédito, se imagina que su solo nombre basta para infundir espanto.

Se dice que Vaca de Castro ya viene, los Almagristas esperan mucho de él, pero ruedan las bolas que aseguran favorece a Pizarro, los de Herrada se indignan y llega el 26 de junio de 1541.

Mediodía de un día melancólico, seminublado, la plaza está repleta de vecinos; de pronto surge del callejón de los petates un grupo con Juan de Herrada a la cabeza.

¡viva el Rey!
Muera el tirano.

Avanza el grupo belicoso y se mete en palacio, los vecinos se esconden.

Alguien dice van a matarlo.

A la hora de la siesta penetraron en palacio, don Martin de Alcántara desenfunda su espada dispuesto a combatir y detener a los conjurados.
Tris, tras, chocan los aceros, surte la sangre, cae herido de muerte don Francisco Chávez, don Martin Alcántara defiende bravamente la puerta pero es estoqueado, don Francisco Pizarro con la espada en la diestra, severo el rostro, resuelto el ademan, como en los tiempos mozos cruza el acero con sus enemigos que son muchos.

El de Herrada dice acabemos ya y empuja a su compañero Narváez hacia el marques Pizarro, don Francisco lo ensarta y el de Herrada le da con su espada en el pecho a don Francisco que lo hace caer exánime, en esa hora suprema se acuerda que es cristiano coge el crucifijo que siempre llevaba y muere abrazándolo.

Los primeros días que siguieron a la muerte de don Francisco Pizarro fueron en Lima de anarquía y de crímenes, el joven Almagro recorría las calles montado en su caballo y la gente lo aplaudía, no tardo en tomar represalias con sus enemigos.

Doña Inés Huaylas ha fugado con sus hijos, los criados del marques Pizarro transportan su cuerpo varias noches después a la iglesia sencilla que el fundara en la plaza mayor, y como en el teatro este personaje llamado don Francisco Pizarro Gonzales, no morirá en su cama, ni con la sencillez con que mueren la mayor parte de los mortales, Pizarro muere representando el papel de marques de los Atavillos y por la estocada que le lanza el que hace de traidor en el argumento, don Francisco Pizarro está en el Olimpo perdido entre los héroes de Calderón de la Barca, de Lope de Vega y el duque de Rivas.

Señor marques Francisco Pizarro, villano y caballero, hombre admirable y valeroso, la parte humana deleznable, pecaminosa, símbolo de una época de la humanidad, debe quedar bajo la tierra que cubre tus despojos mortales, descansa ya tranquilo para siempre jamás.

domingo, 4 de mayo de 2014

TU CULPA (TRONCO SECO)


FRANCISCO PIZARRO Y LA CONQUISTA DEL PERU (QUINTA PARTE)

El inti en el cielo declina
Hay sombras sobre el imperio

Conviene que partamos hermano Francisco, dice Hernando Pizarro; si nos afincamos los indios maliciaran que les tememos, además nos aseguran que don Diego de Almagro premedita adelantarnos en la empresa, dicen que ha levantado tropa en Panamá con tan ruines propósitos, es un alevoso y traidor.

Arruga el ceño y medita don Francisco Pizarro y dando un manotazo poderoso sobre la mesa, responde.
Bien pensado hermano, estamos en regalado ocio y esperanzados temerosos.
Lancemos nuestras tropas prontamente contra las huestes de Atahualpa, que acampan descansadas en el pueblo denominado Cajamarca, apresémosle y todo será nuestro, son muy débiles las armas Incas contra las castellanas.

Probado es.

Huyen despavoridos y tapándose los oídos al estruendo de nuestros cañones.

Bien hermano Hernando, reúne a los tenientes y que dispongan lo oportuno, mañana iniciamos la marcha a Cajamarca.
24 de setiembre de 1532

Hacia Cajamarca salen de Piura ciento setentaisiete hombres de guerra, sesentaisiete a caballo y ciento diez a pie, peones e indiada de carguío, algunas mujeres y van con tan poca fuerza a la campaña más famosa que miraran los siglos.

Aquellos pocos hombres locos, aventureros temerarios, van a conquistar un fabuloso imperio, a saquear un gran reino organizado, a pescar un botín sin precedentes en la historia, a acogotar un monarca, hacer trizas sus clases dirigentes.

Sombras, sombras, muchas sombras.
Descienden sobre el imperio.

En Cajamarca el soberano Inca Atahualpa con su ejército, sus mujeres, su pompa, sus cortesanos, lujo, grandeza, idolatría de los súbditos, ha venido a los baños de aguas medicinales que la ciudad posee y cuyo nombre corre del Cuzco a Quito.

En el recinto de la ciudad se alinean las viviendas con sus paredes de piedra, hábilmente labradas.
Mas allá están los tambos imperiales, depósitos del Inca y que abastecen a las huestes, hacia el este está el templo de las vírgenes del sol que tejen con manos agiles finas telas policromas, cerca de allí el palacio de Tucuyricoc, el que todo lo ve, funcionario imperial gobernador del Ayllu.

Afuera del recinto verdean los campos bien atendidos, cuadriculados bajo un cielo sereno, entrecruzados de senderos lineales y sembrados de chozas amarillas, flota una paz extensa por los campos y una sencilla vida dulce se adivina bajo el cielo benévolo.

Calma y serenidad de los sembrados, humedad de la tierra, sol que germina, cantos monótonos del agua veleidosa, incansable en las acequias campesinas, croar de ranas al crepúsculo, melancolía de los campos serranos con sus cumbres congeladas, silbidos dolientes de las quenas en el atardecer trepando por laderas y cuestas, todo eso es algo que no se olvida.

A lo lejos las tiendas hechas de algodón blanco alegran el paisaje, son las tiendas de las huestes del Inca el gran campamento, esa gran tienda roja que destaca, la más grande y más altiva, señera y empinada, es la tienda del inca Atahualpa, que descansa de su última guerra y se cura en salud tomando baños termales.

En el camino que asciende desde la costa del imperio, que es como una cinta serpentina hasta las serranías, corre aquella mañana un indio, rápido, velocísimo, elástico, devorando distancias, cerca del ultimo tambo sopla un silbato agudo que perfora el silencio, a la puerta del tambo asoma otro indio vestido de usuta, calzón corto, tiene fuertes pantorrillas redondas.

Llega jadeante el corredor, entrega con soltura un hatillo que conduce a la espalda, el indio que esperaba en la puerta arranca en ese instante sin perder un segundo, velozmente devorando distancias, se pierde a lo lejos hacia el Ayllu.

Es el chasqui que lleva a Cajamarca la noticia que el hombre blanco se dirige hacia allí.

Al recibir la noticia Atahualpa sonríe.

El no duda un instante de los propósitos aviesos de aquellos invasores, tiene informes precisos de su índole falsa, sabe los latrocinios que cometen y los abusos que practican, sabe que lucen armas poderosas y enormes aparatos marinos que navegan en el mar con velas largas.

Vencido Huáscar nadie puede imponérsele, los invasores son contados y sabe el número exacto de los que vienen hasta el, podría destrozarlos sobre la sierra, por las gargantas y cortes de aquel lugar, pero el Inca y señor tiene curiosidad de verlos de cerca, conocer esas armas que hacen lenguas más de uno de sus súbditos, quiere borrar el mito que se atribuye a aquellos hombres.

Es tan fuerte el monarca, tan enorme su ejército Inca; que Atahualpa sonríe.

Manda un obsequio al jefe blanco de bienvenida.

Mientras asciende la serranía don Francisco Pizarro y los suyos.

Adelante, arriba, arriba.

Don Francisco y Hernando de Soto marchan juntos, lado a lado las dos cabalgaduras, caballos andaluces nerviosos y valientes, de crines abundantes y delicioso andar caracolero.

Ya cercanos a un poblado humilde, una avanzada de Pizarro regresa conduciendo a un enviado de Atahualpa, seguido de dos indios que traen leve carga, son los obsequios del monarca para el jefe blanco de las tropas foráneas.

El enviado es un indio de la clase superior, salta a la vista su indumentaria vistosa y refinada, usa láminas de oro sujetas por carrizos interiores al pallar de la oreja, que enmarca su rostro prestándole mucha arrogancia y distinción, las nombran como pakus.

Felipillo el intérprete, traduce para el oído de don Francisco Pizarro “el Inca le desea un arribo feliz y a los suyos, los espera en Cajamarca donde será placentero agasajarlos y obsequiarles” a su lado se encuentra de Soto como segundo al mando.

La tropa hace un alto a la distancia.

Don Francisco Pizarro contesta muy gentil, recibe los regalos y retorna los obsequios con curiosidades europeas, cascabeles de lata, unas tijeras, espejos.

El enviado se marcha.

Don Francisco y de Soto en la tienda de campo del primero, registran muy curiosos el cofre con el regalo del Inca.

Es un cofre de madera labrado con artificio primoroso, luce broche de oro, don Francisco lo abre y oh maravilla, son dos vasos de oro rutilantes con la imagen del inti, sonríe encantado el capitán general Francisco Pizarro y se lo muestra a de Soto, quien también sonríe.

Más tarde solo en su tienda don Francisco Pizarro piensa, yo no he venido al Perú después de tantas zozobras a hacer una visita de cortesía al Rey cobrizo, he venido a buscar oro y de paso si puedo quedarme para ceñirme una corona, no he desecho las suelas de mis botas en el ande fragoso ni he expuesto millares de veces mi vida, para que por tierno y cortes corra el albur de ser aplastado con toda mi gente.

Cajamarca a la vista.
Ya se encuentra cerca el ejército invasor.

Los funcionarios imperiales por mandato del Inca, han dispuesto para el señor adelantado Francisco Pizarro y sus tropas un lugar con frontera a la plaza del pueblo.

Don Francisco Pizarro es prevenido, monta guardias, husmea por los contornos y acampa estratégicamente a sus soldados, reúne a los tenientes y deliberan, después sale una comisión de hombres mentados como los más valientes con los mejores jaeces en las cabalgaduras, ellos lucen bien armados y con armaduras centellantes, llevan la misión de saludar al Inca a nombre del adelantado don Francisco Pizarro, pero de manera especial llevan el encargo de sonsacarle información y enterarse de las intenciones que cobija.

Salen don Hernando de Soto y quince soldados a caballo, marchan con Felipillo el intérprete.

En eso llega don Hernando Pizarro que retorna de olfatear y dice; son muchos los indios que acampan abajo y no estoy de acuerdo en mandar una tropa tan reducida.

Ve hermano dice don Francisco, dale respaldo con veinte soldados a caballo.

Sale Hernando de Soto y sus jinetes.
Se acerca de Soto al campamento Inca.

Los indios un tanto sorprendidos y amedrentados admiran la postura del gallardo jinete, la fiereza y los bríos del bizarro caminar de su caballo Andaluz.

¿Qué los trae a este real lugar? Preguntan los guardias del Inca.

Traduce Felipillo y responde que trae una misión del capitán general de los cristianos para su monarca.

En la plaza de la ciudad de Cajamarca, los infantes, jinetes y artilleros esperan la orden.

Ya se mueve el cortejo Inca, con cerca de veinticinco mil hombres, hay música de flautas y antaras, el Inca Atahualpa viene en andas de oro y rodeado de sus orejones, cuando la litera imperial está a pocos pasos del grupo de españoles, el fraile dominico Vicente Valverde se acerca al monarca y le endilga un discurso entre político y religioso, difícil de entender por medio del interprete, Atahualpa escucha pacientemente a Valverde cuyas palabras le son imperfectamente traducidas.

La respuesta del Rey cobrizo fue corta y digna, pregunta en que se apoya esto que acaba de predicar “en este libro” responde Valverde mostrando el evangelio, Atahualpa acerca el libro al oído y al no escuchar nada lo arroja con desdén al suelo diciendo “esto no habla” el religioso se llena de indignación y grita.

Socorredme soldados de Castilla, atacad yo os absuelvo.

Truenan los cañones manejados por los hombres de Candía, arremeten los jinetes y disparan los mosquetes los infantes, acuchillan a su arbitrio, atroz carnicería.

Don Francisco Pizarro saca de sus andas con sus propias manos al monarca.

Ya está preso Atahualpa y filosóficamente dice.
“usos son de la guerra vencer y ser vencido”

Atahualpa fue encerrado en el palacio de Cajamarca, ofreció por su rescate llenar de oro la sala que le servía de prisión, hasta que el precioso metal llegara a la altura de su mano y empinándose sobre los pies hizo en la pared una señal.
Ojos tremendos abrieron los castellanos.

Algunas semanas después llegaron numerosos indios cargados con el oro ofrecido por el rescate, el cual se asegura ascendió a 607 millones.

Que nos repartan ya grita la soldadesca codiciosa.

Llega el reparto, fabuloso reparto, apartado el quinto para el Rey, don Pedro Sancho el escriba legaliza la repartición.

Llega don Diego de Almagro con los suyos y se le da su parte del tesoro, y luego hizo colgar a su ex escribano y secretario un tal Rodrigo Pérez, por ser el que inventara sobre la traición de don Diego.

El Inca Atahualpa se entristece al ver que aumentan los refuerzos de sus apresadores.

Pasan los días y se encarecen las cosas de ultramar extraordinariamente.

El desgraciado Inca creyó que pagado el rescate se le pondría en libertad, pero se engañó miserablemente, Pizarro no veía en el más que un estorbo y un peligro, porque podía sublevar a los indios, resolvió darle muerte, se sujetó al infeliz Atahualpa a una farsa de proceso, en que los jueces fueron Pizarro y Almagro y dos consejeros nombrados por ellos mismos, a fin de que nada falte a esta comedia nombraron un defensor al reo.
Las acusaciones contra Atahualpa fueron:

Haberle usurpado el reino a su hermano Huáscar.
Su idolatría y vivir en concubinato.
Los impuestos fraudulentamente cobrados después de la llegada de los españoles, dueños legítimos del país.

Se examinaron testigos y como Felipillo era el intérprete, traducía en cargos aplastantes.

Se condenó a Atahualpa a ser quemado vivo, Atahualpa apelo al Rey de España, le conmutaron la pena por la horca con tal que se bautizase, así lo hizo recibiendo el nombre de Juan, se le aplico el vil garrote el 29 de agosto de 1533.

A la muerte de Atahualpa fue Toparpa a quien se le ciño la Mascaypacha, con grandes fiestas y siendo bien recibido por los naturales que creían volver a la pasada grandeza, el conquistador español se decide ir hacia el Cuzco tras las ingentes riquezas, pero misteriosamente muere Toparpa muy cerca de Jauja.

Don Hernando Pizarro viaja a España con los quintos del Rey y lleva el encargo de pedir honores para don Diego de Almagro, el tuerto viejo muy amigo de don Francisco Pizarro, con esta maniobra inteligente comisiona en secreto a otros amigos remachar el pedido de honras para don Diego de Almagro.

El imperio se desmorona.

Huamachuco, Andamarca, el valle de Jauja pintoresco y poblado a sesenta leguas de Cajamarca, primera resistencia Inca.

Cerca del rio los naturales esperan embravecidos al mando de Quisquis, denostando a las tropas castellanas.
Idos de aquí laya de picaros, decían traducidas por el intérprete.

Los españoles se meten en las aguas del rio embravecido y torrentoso, le dan una gran paliza a los Incas.
Segunda fundación española Jauja.

Lindo valle vistoso y bien poblado con su rio y caudal seguro, conveniente para hacer nuevo asiento de españoles, el señor capitán adelantado don Francisco Pizarro a titulo precario funda Jauja con cuarenta vecinos españoles, cerca del lugar denominado Hatunjauja, este día es octubre de 1533, cabildo, regidores, su teniente será el señor Riquelme, el tesorero real.

Mientras descansan las tropas en una de las tiendas de campaña, dos soldados que son amigos beben vino y conversan sobre los hechos de Cajamarca, ambos tienen cierta cultura no son ignorantes, uno de ellos dice “Pizarro uso de felonía con Atahualpa y tuvo todas las trazas de un asesinato” el otro responde “si, pero que conquistador tiene la conciencia sin crímenes, acaso conquista no es sinónimo de arbitrariedad, Pizarro no es una excepción hizo lo que todos, matar, destruir y robar, pero como a todos los conquistadores la historia lo colocara como un hombre ilustre, yo solo lo considero como una fuerza de la naturaleza.

Avanzan entre tanto don Francisco Pizarro y Hernando de Soto, con formidable falange avanzan a ganar el Cuzco la ciudad imperial, que promete botín apetitoso y es clave en la conquista.

Le sale al paso el general autóctono Chalcuchimac, el triunfador de tantas lides, pero es derrotado, a sangre y fuego y feroz carnicería.

Los naturales enloquecidos por la obscena traición del Inca Manco, descendiente imperial que permite la marcha hacia el Cuzco.

Don Francisco Pizarro irrumpe en el Cuzco con la avalancha de su mesnada, la real metrópoli de leyenda caerá por primera vez ante gente extranjera, el ombligo del mundo es profanado y se realizara en forma vandálica, vírgenes y templos serán ensuciados por la baba de la soldadesca, las piezas de oro pasaran de mano en mano a golpes de dados, se cuenta que solo un soldado saco 27 cargas de oro y 2,000 marcos de plata, amautas y sacerdotes serán perseguidos, los cadáveres penderán de las horcas en racimos fantásticos, los naturales treparan los cerros abandonando la heredad querida, enloquecidos de pavor, un cataclismo nunca oído ni visto está sucediendo en las entrañas del imperio, y los soldados como langostas impasibles talaran una cultura, el sol del Cuzco se pone en el ocaso.

Guardan silencio las antaras y los potutos.
Hay frases que solo se dicen con lágrimas.

Entretanto Benalcazar y don Diego de Almagro se apoderan de Quito con gran fatiga de sus tropas, pero se les presenta una seria dificultad don Pedro de Alvarado, el ardoroso adelantado de Guatemala deseoso de aventuras y riquezas, desembarca en puerto viejo con 500 soldados y se dirige a Quito, ambos bandos están a punto de sangrienta batalla, pero interceden algunos oficiales para una tregua, y Alvarado pide una indemnización de cien mil pesos para retirarse, que se le acepta.

FRANCISCO PIZARRO Y LA CONQUISTA DEL PERU (CUARTA PARTE)

Don Francisco Pizarro cansado de tener que vérselas con gente minúscula, decide emprender viaje a España a parlamentar con los Reyes, Cristóbal Colon años atrás le había dado el ejemplo, don Francisco se siente con aplomo suficiente para alternar con los monarcas, acaso es poco lo que lleva, conduce oro, joyas e indios que atestiguan sus hazañas ¿ porque el a de temer? Es un hombre acostumbrado a jugar con la muerte, es una fuerza irresistible y está enamorado de la vida, su autoridad sobre un puñado de hombres en estas tierras americanas, lo ha hecho aprender el tono de los que gobiernan.

Toledo.

La corte del poderoso soberano.

Intrigas cortesanas, intereses prestos a renacer, intereses conseguidos, frailes que se adueñan de las almas, ambición, más ambición.

El palacio magnifico, salones increíblemente suntuosos, funcionarios de todo nivel, papeles, mas papeles y mas funcionarios.

El Cesar Carlos V sentado en su trono, con su birrete de fina felpa grana, de seda y terciopelo con encaje Holandés, firma y firma el monarca, ni lee lo que firma, con una pluma de ganso que moja en un tintero de oro.

Ministros, primados, caballeros de la corte, nobles, hacen larga antesala, existen más de cien antesalas, y se escuchan los comentarios.

Sabías que Francisco Pizarro está en la cárcel.

Ese capitán que dicen ha descubierto el Perú.

Si el mismo que nació en Trujillo, hijo del coronel don Gonzalo Pizarro, de los tercios de Italia y Navarra.

Ha arribado Pizarro no hace mucho a la península, pero a instancias del bachiller Enciso que tiene una orden de captura contra el aun no caduca, lo han apresado apenas piso tierras Sevillanas.

La denuncia es de Enciso que no se cansa de gritar y reclamar, contra todos aquellos que lo expulsaron de mala forma del paraje denominado Darién, dice que lo despojaron de sus barcos y bastimentos que le pertenecían y que le costó su dinero.

Y el monarca no se ha inmiscuido en este enredo.

Aun no pero tendrá que decir algo ya que Pizarro vino con cierto Griego llamado Juan de Candía, hombre de artillería, bien hablado y muy despierto, que ha formado tal ruido, escandalo tan grande que se ha armado el cotarro popular en Sevilla, se ha extendido y propalado cual reguero de pólvora que ha llegado a la corte.

El populacho que está lleno de hazañas y aventuras y leyendas doradas, con nombres de tierras prodigiosas y de héroes fieros, este populacho que lloraba la muerte de Balboa y denostaba a Pedrarias, este mismo populacho que hace poco recibió al gran conquistador Hernán Cortez, dominador del pueblo Azteca, se ha indignado con lo sucedido a Francisco Pizarro, ha puesto el grito en el cielo repudiando tamaña injusticia contra tan valeroso capitán, que amplía los dominios de Castilla y la corte a parado el oído, el propio emperador a nombre de su madre doña Juana dispuso que sin perder un momento le dieran libertad, reponiéndole todo lo embargado, en vista de ello Enciso ahora es odiado y denostado del peor modo y ha tenido que huir y ocultarse.

Cosas que se ven caballero en estos tiempos que corren, nunca antes de ahora el populacho se atreviese tan levantiscamente a dar salida al descontento, vos juro caballero que por muy mala senda nos conducen los consejeros de su real majestad y la corona de Castilla, obedeciendo el deseo de la plebe apenas expresado, día vendrá en que dispondrán de la corona por propio designio, tildaran a su Rey y mostraran la cabeza que deberá lucirla y que más los halague.

Continuaban los diálogos en la vasta antesala del palacio real, los cortesanos, caballeros, hijosdalgo, gentilhombres y personas de muchos pergaminos, en ese salón lleno de muebles solemnes, de suntuosos cortinajes pesados de felpa, con gruesas alfombras, ante cuadros de recargados marcos que muestran los retratos de ancestrales varones, estirados en tiesas posturas, rostros duros y gestos antipáticos de mandones señores.

¿Cierto es que Hernán Cortez vino a defenderse?

Si de lenguaraces y malsanos que lo indispusieron en la corte.

Mas comentan que al verlo el monarca, lo impresiono Cortez con su gallarda apostura, porte noble y altivo, su buen decir y sesudas razones, que retornara con gran pompa y honores merecidos a su gobernación en México.

Y de Pizarro que se dice.

Que retornara también como merece con honores y fama, con granjerías dignas de sus hazañas en la empresa acometida, pues tales varones impetuosos dan brillo a la corona.

Don Francisco Pizarro decide ir a Toledo y su nombre suena en la península, dorado por el fantástico reflejo del oro legendario del Perú, la gloria lo propala, la fama lo precede, es muy popular.

Ya ha llegado a Toledo don Francisco, y al encontrarse con don Hernán Cortez lo ha abrazado, pues es un viejo conocido desde Santo Domingo, se han abrazado los dos fuertemente.

Don Hernán tiene mucha experiencia de las traiciones, disgustos, trampas y encrucijadas que el triunfo proporciona, que ha aconsejado a su amigo Francisco largamente y le dice, tino, tino mi gran amigo Francisco, mucho ojo y previene con papeles, títulos, reales ordenes, documentos que acrediten tu posición pues surgirá la codicia y vos disputaran lo que con muchas penas y trabajos has conseguido.

Se despiden y don Francisco agradece los consejos de su amigo.

Luego ingresa para saludarlo y abrazarlo su hermano legitimo don Hernando, a cuyo lado bregara cuando mozo en las guerras de Navarra e Italia, luego ingresan sus hermanos naturales Gonzalo y Juan, Pizarros ambos a quienes solo los vio pequeños.

En el otro salón se encuentran amigos aventureros de los tiempos perdidos y que lucharon con él en las batallas del viejo continente, o en aventuras olvidadas por la conquista de las indias, todos vienen a verlo y saludarlo.

Algunos grandes señores le ofrecen dinero prestado a temibles intereses.

Esta vez viste muy buena ropa don Francisco, tela fina que le asienta muy bien a sus hombros robustos, es de un color oscuro muy de uso en la corte, el rudo capitán muy cuidado y pulido, aparenta gran soltura, gentileza y finos modales, muestra mucha gracia y seducción, habla con gran empaque, fácil verbo y palabras buenas para el caso, que lisonjea y deja gran placer a quien las oye.

Don Francisco Pizarro ingresa a hablar con el Rey Carlos V, casi llora el monarca al oír referir sus desgracias y sus grandes contrastes, penurias y fracasos, y estalla de alegría cuando narra los triunfos conseguidos, el Rey ríe muy alegre cuando le cuenta un episodio que sucedió al explorar este nuevo reino, el Rey se exalto de orgullo cuando aludió a la gloria del monarca y a la dilatación de sus dominios, y el Rey le dio lo que quiso y mando se firmara en el acto, lo lleno de honores y de títulos y de amarillos pergaminos.

Don Francisco guiándose de los consejos de su amigo Hernán Cortez, pensó que era mejor tomar precauciones desde ya, no esperar contingencias.

Se adueñó de títulos, honores y poderes, y si no echo mano de un obispado fue que se vería mal en un soldado la morada sotana, lo pidió para Hernando de Luque y para su socio don Diego de Almagro, pidió la alcaldía de la no menos teórica fortaleza de Tumbes.

Don Francisco Pizarro con dinero, honores, grandes títulos, caballero, hijodalgo, gloria y fama, quiso visitar su tierra Trujillo, volver al terruño nativo que nunca más mirara desde aquel día triste, tan remoto en que se fugaron los cerdos de su padre y señor el coronel don Gonzalo Pizarro.

Que feliz retorno, vive Dios.

Que distinta resultaba la gente para el comparado con el pasado.

En el mesón de agrietadas paredes, parloteaba la gente.

Es don Francisco Pizarro, el hijo de don Gonzalo que retorna de las indias lleno de oro y doblones.

Ha conquistado el Perú, la tierra del oro.

Viene nombrado adelantado, capitán general, gobernador, hijodalgo y caballero de la orden de Santiago.

La capitulación firmada por el señor adelantado Francisco Pizarro lo obligaba a levar en España ciento cincuenta hombres, mas seis meses de plazo para retornar al Perú, con las reales pragmáticas en el bolsillo don Francisco Pizarro se dedica a sugestionar y conquistar soldados, pintándoles las cosas de las indias en tonos de un cuento de Aladino, su persuasión es tal que caen en la redada algunos peces gordos, también sus hermanos Hernando y Gonzalo, el dominico Valverde y don Martin de Alcántara, con 185 hombres le basta para emprender la postrera y definitiva conquista del vellocino de oro.

Envía primero veinte hombres para contar los títulos logrados, para detener la codicia de sus socios y poder parar al maligno viejo Pedrarias, ya que don Diego de Almagro con malicia le había sacado mil doblones por su participación en la conquista, esto sucedió cuando Pedrarias salía de Panamá sustituido en sus funciones por don Pedro de Los Ríos.

Después de unos días don Francisco Pizarro parte, estaba calmo el mar, transparentado el cielo, maravilloso el tiempo, su hermano don Hernando le pide quedarse unos días más, pero don Francisco le dice te espero en la Gomera mientras arreglas los papeles.

Está bien hermano que Dios te ayude y buen oído te preste.

Alguaciles, funcionarios, corchetes y tesoneros, registran las naves y preguntan ¿Qué es del adelantado don Francisco?

El ya partió, mi hermano y señor no hace mucho, si venían un día antes lo hubiesen encontrado y el los recibiría, con mucho gusto tanto o más que yo, pero ha dejado ordenes terminantes de prestar a vuestras mercedes y personas tales, el mayor acogimiento y atenciones que ustedes se merecen y consientan.

Genuflexos quedaron ante tal galanía, se sintieron felices con las buenas razones del caballero don Hernando, que los halagaba y lisonjeaba, tenía grato parloteo y se fueron tranquilos.

Zarparon los navíos es el 27 de enero de 1530, los hermanos se encuentran en el lugar convenido la Gomera, desde este instante don Francisco Pizarro cobrara en el todo su esplendor, y hasta los soldados más oscuros se harán participe del botín, para todos habrá oro y la historia tendrá una frase de recuerdo, el antiguo porquerizo entrara a la inmortalidad.

Otra vez al mar que se somete al empuje de los hombres, de sus blancos trapos ligeros, sobre sus cascos leves.

Fieros lobos de mar de rostros duros y tostados por muchos soles, por las brizas marinas llenas de yodo, marineros valerosos, de ojos pintados por los tintes del mar y las tintas del cielo, devoradores de horizontes.

Marineros audaces, de brazos de acero.

Como habéis aprendido a burlar a este monstruo que espuma y alborota cuando surcáis sus aguas, cantando esas canciones marineras de tópicos porteños, hilvanando el gracioso recuerdo de la mujer que los despidió sonriente una tarde antigua en un país olvidado.

Van y vienen las naves.

Traen y llevan, llevan y traen todo lo transportable.

Ya las naves no se hunden como antaño, hay gran comercio, y también claro hay bandidos en el mar, atracadores del océano que despojan navíos, acogotan y matan, por islas y vericuetos, archipiélagos temibles están infestados de piratas, son Ingleses, mucho cuidado con ellos, comerciantes de indias que atravesáis el piélago en pos de estos mercados, están resueltos y listos al abordaje.

Navíos a la vista.

Son las naves del adelantado don Francisco.
Circula la noticia, novedad en la costa.

Muchas naves al pairo se mecen en la rada, canoas, botecillos van y vienen, gran barullo, tumulto de gente.

Aplausos, disparos de arcabuces, ha pisado tierra Panameña el adelantado don Francisco Pizarro, abrazos y palmetas.

Que viva Francisco Pizarro.

¡viva, viva, ra, ra!

Se encuentran los socios y don Diego de Almagro recrimina a don Francisco.

Todo para ti, eres un logrero, un felón.

Don francisco razona de lujo con don Diego de Almagro, el buen amigo que ahora está tuerto pues perdió un ojo peleando con los naturales.

Parecía que los antiguos socios rompían, se decía que don Francisco Pizarro comenzaba a tratar con Hernando de Soto y con Hernando Ponce, ricos sujetos de león de Nicaragua.

Pero don Gaspar de Espinoza y Hernando de Luque, supieron arreglar de tal modo el entredicho, que todo se allano, deponiendo don Diego su hondo resentimiento.

Pizarro se comprometió a no pedir nada para si hasta conseguir para don Diego una gran gobernación, repartirse en igual proporción todo rescate.

Esta vez el destino que ha sido tentado muchas veces se dejara poseer, será como un perro al que se lleve de la cadena, desde Panamá todo le será llano y fácil, el mar, la tierra y los hombres se postraran, los indígenas creerán ver en ellos a los centauros predestinados, a dioses barbados predichos por el oráculo de la raza.

Mientras esto sucedía en España, aquí en el Tahuantinsuyo muchos años atrás partía del Cuzco Huayna Cápac hacia Quito, dejando a su hermana y esposa Mama Rahua, que ya le había dado un heredero llamado Huáscar, el Cuzco arde de fiesta y la ciudad imperial llena de oro y opulencia, la ciudad está como una ñusta que presiente celebrar su última fiesta.

Palacios de Tumibamba, Pacha la ñusta Quiteña, la hija de un gran señor que se rindió a Huayna Cápac.

Pacha, Pacha, tu piel que es tostada, como es tostada la cancha; tu boca roja como una herida que sangra, tu cuerpo y tu cabellera como una noche de illapa, tu cintura cimbreante, tus senos copones de oro y plata, como besaban tus labios, como ardía tu mirada.

Sacerdotes y amautas con sus más vistosos trajes, las ñustas, las mama cunas y las mas virtuosas pallas, cantan, cantan alabanzas, Huayna Cápac a fecundado un hijo en la ñusta Pacha; suenan los potutos hay fiesta en Tumibamba, ha nacido Atahualpa.

Y pasa el tiempo, como un soplo, es un repique que va dictando la historia.

Se muere Huayna Cápac, se muere en Tumibamba, dicta su testamento el más terrible del que nos hablan los tiempos, divide en dos el imperio, Cuzco para Huáscar y Quito para Atahualpa, los augures han abierto el vientre a una blanca llama, leen fatales designios para Huáscar y Atahualpa.

Chocan violentos los del Cuzco y los Quiteños, chocan fratricidas, se derrumba el gran imperio, matanzas y mas matanzas, generales en derrota todos pasan a degüello, Caín avanza Caín, ya está prisionero Huáscar y el Cuzco viste de duelo, se canta un réquiem en quechua.

Como en los viejos tiempos don Francisco Pizarro parte con tres naves, estamos a principios del año 1531, lleva 183 hombres bien armados, caballos, municiones, vituallas y trapío.

Llegan a la bahía de san Mateo.

Hombres y caballos marchan por la orilla, mientras los navíos costean adelante.

Esta es la tierra del cacique Coaque, rodeada de montañas.

Los españoles ingresan al poblado y saqueo, sangre y fuego, al cacique se le captura y se pide un rescate, los indios retornan con 20,000 pesos en oro y unas cuantas esmeraldas.

Ya sacaron los quintos para el Rey señor tesorero Alonso Riquelme, si señor escribano Pedro Sancho, y que me dice usted don Juan Alonso y vos don Domingo de Presa, aquellas esmeraldas y oro del cacique Coaque, si todas están ya consignadas.

Dos navíos son enviados a Panamá y otro a Nicaragua, para seducir a nuevos aventureros y adelante, adelante.

Cabo Pasao, Puerto Viejo frente a la isla Puna, ya muy cerca de tumbes la puerta del Perú.

A llegado Sebastián benalcazar y unos treinta voluntarios, vienen de Nicaragua y quieren poblar Puerto Viejo.

Don Francisco Pizarro se gana la confianza del cacique de Puna llamado Tumala, al que incita a lanzarse sobre los Tumbesinos.

Llega don Hernando de Soto con dos navíos, soldados y caballos.

De Soto es un hombre sereno, ponderado, se le había ofrecido en Panamá en el caso de intervenir en la conquista el puesto de teniente general, De Soto mostro como en tantas ocasiones mucha templanza y recto juicio, que le granjearon la estima y simpatía de españoles e indígenas, en cuanta empresa interviniera, se le consideraba de facto el segundo entre los jefes.

Adelante ya estamos en Tumbes, pero sorpresa esta vez los tumbesinos los reciben armados, desembarcan confiados los españoles, los indios los atacan y matan a todos los que pueden.
Pizarro y De Soto atacan, fuga de los naturales, la ciudad yace destruida y quemada como consecuencia de la guerra con los isleños de Puna.

Es de noche, negra y cerrada como boca de lobo.

De soto incursiona por mandato del señor capitán adelantado don Francisco Pizarro, se decide que la tropa pernoctara esa noche en el poblado conquistado, ya pacificado Tumbes los naturales espantados ante la arremetida empiezan muchos a retornar, solicitan reiniciar sus tareas, los campos son atendidos nuevamente por los cultivadores.

Otra vez llega la noche y en la plaza en torno a las fogatas acampan, centellean las corazas y las armas, las hogueras proyectan sus voraces lenguas de fuego, el metal bruñido devuelve en reflejos cegadores en la negrura densa de esa noche cerrada, los soldados asemejan sombras gesticulando en las tinieblas, una que otra lucecita perdida salpica, anunciando la vigilia de los guardias, mientras los demás duermen.

Las antorchas encendidas dejan ver en la lejanía como el ojo de fuego, del misterio como gota de sangre, roja macula o prendido rubí, en el terciopelo de esta noche que todo lo envuelve.

Es la tienda del señor capitán adelantado don Francisco Pizarro, prendido en alta pica arde un tachón, en el centro una rustica mesa, un tintero, plumas de ave, le pide que escriba a don Hernando de Soto una carta a su amigo don Diego de Almagro; dile que espero que vuelva, que no recele de mí, que esté presente nuestra añeja lealtad, que no eche en olvido mi aprecio por su persona, dile que me preocupa su dignidad y honra y provecho, que vuelva como el antiguo compañero de fatigas, que lo mío es de él, que no quiero que haya alejamiento.

En un rincón una tarima que luce cobertores de variados colores, primorosos tejidos tumbesinos, sentado en un taburete, la cabeza barbada echada atrás aparece el adelantado don Francisco Pizarro, en torno al cuello un blanco lienzo o pañoleta, a su vera un hombrecillo repica unas tijeras con la diestra, en la otra luce un peine, es el señor barbero, gran charlatán, tiene todas las noticias del momento, también es curandero muy afamado entre los soldados, les compone cualquier hueso roto, les aplica cataplasmas, les propina pócimas, sudorantes, los embadurna con ungüentos, les hace sangrías; es el que entretiene al gran adelantado don Francisco, quien se complace escuchándolo, lo acicala y su barbero goza de gran ascendencia, ya lo sabe la tropa.

A la puerta de la tienda que alberga al adelantado don Francisco Pizarro, montan guardia dos soldados, de rato en rato rompe el silencio la alerta de los centinelas.

Es mediado de 1532, año de gracia.

Retorna De Soto con su tropa y trae mucho oro, narra de Soto amenamente las incidencias de su marcha y dice.

Es un admirable reino mi capitán general, se vislumbra mucha industria y orden, tuvimos que guerrear a menudo, pero al ver que éramos duchos en pelear, se rendían y nos ofrecían cuanto tenían, nos quedamos pasmados cuando llegamos a las cumbres heladas y riscosas de los altos parajes de la sierra, vimos un camino que nos dijeron va desde el Cuzco hasta Quito, es de piedra labrada mejor que una calle de Castilla hecho por el Inca de estos reinos.

Ahora están pisando las huestes del adelantado don Francisco las tierras de Tangarara, a treinta leguas de Tumbes; a veinticinco leguas por el camino hacia el mar está Paita, donde dos de las naves esperan, san Miguel es fundada, es el primer asiento castellano en tierras del Perú, mas el sitio no es bueno, trasladan al pueblo y por ahora se asientan a las orillas del rio que llaman Piura.

Salen las naves llevando el oro que le toca al Rey, para mostrar lo bueno encontrado, llevan el encargo de apremiar a don Diego de Almagro, mientras don Francisco Pizarro quiere indagar mejor, las costumbres, los hábitos, las fuerzas de las tierras que hoya, las resistencias de los señores del imperio, ya sabe de los pleitos en que andan los herederos del Inca Huayna Cápac.

Le cuentan que el poderoso Huayna Cápac dividió al imperio, que Quito lo destino a Atahualpa, hijo amado habido en Pacha, la princesa más joven y agraciada del reino de los Sciris, hija de su ultimo monarca, que el Cuzco fue heredado por Huáscar natural sucesor de la dinastía del imperio.

Es posible semejante dislate en tan hábil monarca.

Es que el monarca estaba viejo cuando se enamoró de Pacha.

Pacha era una moza lozana, hermosa, graciosa y zalamera, tan afectuosa que el señor Inca Huayna Cápac disfrutaba mucho en su compañía, por eso decidió vivir en Quito y no en el ombligo del mundo que es el Cuzco.

Desbarro Huayna Cápac.

Como no.

Como desbarran siempre y habrán de desbarrar toda la vida por una carne tierna, dice un viejo sabedor de estas lides, los hombres le abren el corazón a un cuerpo femenino, suave como la piel de las vicuñas y traicionera como el puma, se dejan influir por sus caricias en las cosas de estado que necesitan de un sano juicio…