jueves, 29 de mayo de 2014

VÍBORA.


FLORA TRISTAN

Flora Tristan en su libro peregrinaciones de una paria, se llama así misma compatriota y amiga de los Peruanos, lo que en cierto modo nos da el derecho de considerarla así, en la biblioteca de la cultura Peruana, dirigida por Pedro Ventura Calderón y auspiciada por el gobierno del general Benavides, la presentan así: Flora Tristan 1803-1844, la mas linda de las parisienses, adulada, festejada y cortejada por todas las gentes de pro.

La familia de los Tristan, perteneció a uno de los apellidos mas ilustres de la colonia, durante el virreinato de don Manuel Amat y Juniet, insurgió con caracteres históricos ilustrando los anales de Arequipa, con los nombres de 3 hermanos, don Mariano, don Domingo, y don Pió; en 1802 don Mariano Tristan se encontraba en Bilbao donde conoció a una linda emigrada francesa, Teresa Leisne, con la que contrajo un matrimonio precipitado, regresando con ella a Paris y recibiendo en el hogar y como una bendición del cielo, el nacimiento de una niña, el 7 de abril de 1803, a la que bautizaron con los nombres de, flora celestina teresa Enriqueta Tristan Leisne.

Don Mariano dependía exclusivamente de los bienes que poseía en el Perú, pero en esa época la escuadra Inglesa había impuesto un severo bloqueo al comercio Español, el buen caballero se vio privado de sus ingresos y pronto la miseria se enseñoreo en su casa, imponiéndole una vida de privaciones, que lo sumieron en la desesperación, hasta terminar con su existencia en el curso del año 1808, mientras Flora su hermano y su madre, quedaron en la calle, porque hasta su casa fue confiscada por ser propiedad de un súbdito Español, luego su hermano muere al cumplir 10 años; como la miseria se mostraba de manera implacable, Flora tuvo que trabajar en diferentes oficios, hasta que un día se empleo en el taller del pintor y grabador Andrés Chazal, que termino enamorándose de la belleza de Flora, y casándose con ella cuando aun no había cumplido 21 años.

Pronto los caracteres de los esposos resultaron incompatibles, por la insignificancia del pintor, y la selección espiritual de Flora, pronto vinieron los disgustos, los pleitos, y finalmente el abandono del hogar, contaba con dos hijos Ernesto y Alina, que la abuela tomo a su cargo, en tanto Flora ensayaba diferentes trabajos para el sustento diario, viajo a Inglaterra e hizo gestiones para separarse legalmente del marido, sin ningún resultado, y es entonces cuando resuelve emprender el viaje con destino al Perú, el 7 de abril de 1833, cuando cumplía 30 años, se embarco en Burdeos a bordo de la goleta el Mexicano; Flora no contaba con los documentos del casamiento de sus progenitores, porque el padre Rocellin que había efectuado el matrimonio en Bilbao, desapareció llevándose los libros de la parroquia.

Al llegar al Perú, su tío don Juan Pió, la admitió y alojo en su residencia de Arequipa, pero procedió con doblez, no vacilo un instante en negarle todo derecho ante la ley, Flora Tristan después de su permanencia, desde septiembre de 1833 hasta julio de 1834, regresa a Francia a bordo del barco Ingles William Rusthom, mas pobre que nunca; tras una serie de líos con el marido, un desalmado que llego a preparar un incesto con su hija Alina, y de herirla con un arma de fuego, es cuando Flora se entrega a una intensa labor social y literaria, colabora con la revista L´artiste y le voleur, en 1837 presenta a los diputados una petición sobre el restablecimiento del divorcio en Francia, y al año siguiente, publica peregrinaciones de una paria en dos volúmenes, posteriormente publica el arte después del renacimiento, y una novela romántica llamada menfis, en 1840 era ya una mujer notable en los círculos intelectuales de Paris, había llegado la hora de su gloria, la revista le charivari, publica un magnifico retrato de Flora, hecha por el pintor Laune, lanzando el grito de la unión obrera, luego recorrería toda Francia en misión social.

Escribe Flora Tristan, en mi posición de apóstol del socialismo, no tengo tiempo para enfermarme, y agregaba la unión obrera necesita lo siguiente:

Primero, constituir una unidad compacta e indisoluble

Segundo, dotar a la unidad obrera de un enorme capital, mediante una cotización voluntaria de cada uno de ellos

Tercero, adquirir mediante ese capital un poder real

Cuarto, mediante tal poder, prevenir la miseria y el hambre, y dotar de una ayuda para una educación sólida, racional y capaz de hacer de los hijos del obrero, hombres instruidos y hábiles en una profesión

Cinco, exigir que se recompense el trabajo dignamente

A pesar de su afirmación de carecer de tiempo para enfermarse, Flora Tristan sufrió el 9 de noviembre de 1844, una congestión cerebral que en cinco días acabo con su existencia, tenia 41 años, el 16 se le enterró en el cementerio de Chartreaux, ante una compacta multitud de trabajadores, los obreros y los intelectuales organizaron una suscripción, que encabezaron hombres de la talla de Víctor Hugo, Eugenio Sue y otros inmortales, con cuyo producto se le erigió un monumento, con la siguiente inscripción ( a la memoria de madame Flora Tristan, autora de la unión obrera, los trabajadores agradecidos, libertad, igualdad, fraternidad, solidaridad.)

Y así, así como pasa la vida, su hija Alina se caso con el periodista Clovis Gauguin, de cuyo matrimonio surgió uno de los pintores mas grandes de todos los tiempos Paúl Gauguin.

EL LEGENDARIO FITZCARRALD

Remontando el Ucayali en una lancha fluvial. Después de haber cursado el caudaloso rió Huallaga, hasta su confluencia con el Marañon, padre de nuestro gran rió Amazonas, que es el cordón umbilical de la América del Sur; escucho la historia de un hombre legendario, Carlos Fermín Fitzcarrald López, el cauchero, era enhiesto, cuadrado de hombros, barbado, poblada las cejas, de erguida frente y mirada límpida y audaz, osado y fuerte, impulsivo y hábil, bondadoso y cruel, de cortas palabras, de acción y de hechos. 

Que lo motivo ir hacia la selva, desde San Luis de Huari, su pueblito minero Ancashino, bajo el rutilante Huascaran, pero hasta esta floresta llego y en los pocos años vividos que acabaron pronto, fue como el paso de un cometa, luz y fuego, tenia como ideal el vivir intensamente y morir joven con los zapatos puestos; escucho a muchos decir, que puede hacer un hombre solo, y la respuesta es, mucho, uno solo recuerda a los demás que deben de serlo, los hace tener fe, luchar, ser dignos del alto titulo de ser varón. 

Empezó de simple cauchero, pero su mente poderosa y su gran sentido de la organización, aunado a una gran personalidad, impusieron acción, se trajo desde Moyabamba a centenares de jóvenes, y se hizo con el misterio de su fuerza interior, de miles de nativos, que lo seguían en los mas duros trances, abriendo trocha, y los mas extraño es que a los naturales los hizo trabajar, comprenden el milagro, nadie se explica, ni aun sus amigos, que mágico poder ejercía, para hacerse obedecer, querer y respetar, pero los nativos lo siguieron en masa, descubrió el istmo que lleva su nombre, y con ellos y sus hombres jaloneo la ruta de haciendas, barracas y tambos, desde Iquitos hasta Madre de Dios, y a través de estos miles de kilómetros ascendía la civilización y la Peruanidad, sostuvo luchas implacables con la naturaleza y con algunas tribus feroces e irreductibles, que le devolvían sus regalos atadas a las puntas de las flechas envenenadas, y les impuso a veces castigos escalofriantes, ejecutándolos en lotes por decenas a tiros de Winchester. 

Y un día de infortunio para la patria naufrago en el Urubamba, su muerte es digna de su vida, extraordinario nadador, pudo haberse salvado fácilmente, pero este hombre lo era por todos los lados y como tal era leal, nado furiosamente en el intento de salvar a su socio y amigo, cuando hallaron su cadáver, sus brazos de acero lo tenían aun dos días después, lo apretó tanto que ni siquiera la muerte pudo hacer que lo soltara. 

Cundió en toda la selva el grito, repetido como un eco por miles de voces, Fitzcarrald a muerto, y entonces los nativos llenos de dolor, empezaron a destruir, arrasaron las haciendas, los tambos, que jalonaban el mañana, con estos actos destacaron aun mas la grandeza de la persona, probaron que solo a el temían y amaban, a solo un hombre, Fitzcarrald, Peruano impar, de simple cauchero, se convirtió en el gonfalonero de la civilización, fue un hombre extraño, poseedor de admirables virtudes y grandes defectos, en su mente Vivian imágenes que lo impelían a la acción, tanto era ingeniero como medico, explorador y geógrafo, sabio y artista, hombre de empresa y aventurero, matarife y humanitario, demonio y santo, religioso y ateo, pero Peruano siempre, símbolo suyo, muy bien podrían ser dos Ángeles, el ángel exterminador, y el ángel de la anunciación, así era Carlos Fermín fitzcarrald López, el cauchero. 

martes, 27 de mayo de 2014

LA PALIZADA - LOS MOROCHUCOS.


LA PACHAMANCA

El viento mecía las hojas de los arboles en este setiembre tranquilo y soleado, frente a la figura de dombo de basílica en la que se preparaba la pachamanca, oficiaba como cocinero don Sebastián acompañado de su inseparable perro alderan.

Sobre el enorme cráter que servía de sede a la alta bóveda pétrea, que cocía una hecatombe de carnes tiernas y apetitosas al vapor de las piedras calizas calentadas al rojo vivo, con un triple empedrado de camotes, habas, yucas de seda y suaves papas arenosas cosechadas en el pueblito de Allauca, en las chacras de mis abuelos llamada mishcupampa; enladrillado de cuyes y lechones emparejados en su glorioso martirio por trozos de cabrito, carneros de riñón tapado, lonjas de carne de vaca, cuartos de pollo y perdices, abrigados todos con una frazada de pastos frescos, champeados con la arcillosa tierra de las márgenes del rio Rímac, el místico aroma rezumaba hacia afuera llegando hasta el cielo, con el olor de apoteosis de la pachamanca.

Esta es la cúpula de san Pedro de Roma con todo su santoral dentro, dijo elevando la voz el padre Arcadio, nacido en Andalucía en España, amigo y confesor de la familia, mientras empezaba el destechado de la deliciosa pachamanca, que inicio el saqueo y el ambiente se lleno de frases; pélame unas papas cholito, que voy por un poco de ají, ¿quieres cielo mío un pedazo de cada pieza? Que esto huele a santo, venga ese mate de chicha y un pedazo de queso de esta mi tierra Matucana.

Llegaban mas amigos, los saludos y las presentaciones de los invitados, mientras la comilona transcurría animadísima, rumorosa de vocinglerías y el jolgorio caminaba a tono aguijoneado por el pisco Moqueguano, la cerveza espumosa, la chicha de jora, tocaba la estudiantina típica de la juventud matucanina, huaynos, Huaylas, cumbias, bailando detrás de las pircas de piedra entregados a un chapaleo furioso, la alegría va y viene en marejadas de tristeza.

Matucana la villa del clima perfecto, que me vio nacer y acuno mi infancia, por siempre será aquel alberge querido, que se asemeja a un nido, tibio en la distancia, toda luz, ritmo y fragancia.

LAS CANTUTAS ROJAS

La calle del mercado en el Cuzco, mostraba el ir y venir de la gente y las vendedoras hablaban entre sí en su lengua nativa, cuando de pronto lo vi pasar y la expresión de su rostro era de una gran tristeza, apretaba los labios manchados de coca, unas arrugas marcaban su frente y unas húmedas gotas aparecían en su pálidas mejillas, era uno de tantos campesinos quechuas, un hombre joven de la raza aun no contaminada, todo el pasado estaba en el, como si los años remotos hubieran vuelto, era de mediana estatura, ancho de espaldas, iba calzado con unas ojotas hechas de llanta de camión, los pantalones de bayeta azul traían el polvo vagabundo de lejanos caminos, su poncho tejido de figuras geométricas y de agradables colores, entonces ya no repare en las mujeres, ni en los niños y los ancianos, el aire traía aromas de nardo y huacatay empujaba un triciclo alquilado por un par de soles, en el cual había un bulto cubierto con un poncho pallay, del cual se escucho un quejido breve y hondo y una mano enjuta y trigueña se recogió como apretando una lagrima que se movió lentamente, luego él se detuvo me miro con humildad en su gris silencio de resignación, hablaron sus ojos negros al mirarme y luego dijo, tengo los pies cansados pero llegare hasta el hospital, sabes taita viajero a quien llevo, llevo a mi madre .

Quede frio, la pena era hielo en mi corazón, que grandeza de alma en su humildad primitiva, así como él fueron los quechuas en remotos tiempos, la raza fuerte milenaria aun no contaminada de los males fieros de otras razas, vapuleado en su cultura y saqueado en sus riquezas, era un Inca mozo que traía en la copa chata de su montera unas cantutas marchitas.

Vi con los largos ojos de la imaginación, la choza de piedra en la que madre e hijo habitaban en las faldas de un cerro bermejo de peñas bravías, vi las pieles de llamas y vicuñas, las mantas tendidas en el suelo donde dormían, la chaquitaclla de arar con el pie recostado en una esquina, el ichu de los pajonales, el tinajón de la chicha de jora en fermentación, el saco de chuño y la papa seca, el telar bajito plantado en la tierra, una hermosa quena hecha de caña y en su jardincito muchas cantutas rojas, y una tarde ella la madrecita vieja, la de las trenzas renegridas, la de los dientes blancos y desgastados, la de los ojos de melancolía y de voz suave, ella la encarnación de los tiempos idos, dejo de apretar las tramas con el rukey puntiagudo y brillante hecho de tibia de vicuña, ya no pudo contemplar a su placer las cantutas rojas nacidas en su palmo de tierra buena y bien regada, fueron a traer a la casa al laika ( curandero ) que dijo recatadamente en grave confidencia que a la madrecita antigua la tierra la jalaba de las piernas atrayéndola a su seno, no había remedio seria inútil todo empeño por salvarla, la madre tierra la llamaba como llama siempre a todos sus hijos, el Inca mozo lloro en las sombras, el laika se fue hablando solo entenebrecido.


Fue entonces que el abandono la casita de piedra y las peñas familiares de ojos sombríos, el riachuelo de agua dulce y fresca, el pedazo de cielo, el palmo de tierra sembrado de cantutas rojas, el panorama primitivo y magnifico de escalonados montes azules, noche y día cargándola en su espalda llevaba a su madre enferma, a la luz del sol, a la luz de las estrellas, a la luz de la luna, hasta el hospital de los pobres a donde llego tan grave que solo quedo verla partir hacia la eternidad.

Sobre una peña en el cerro natal, bajo el remoto cielo limpio e inalcanzable una cruz de sihuy rodeada de cantutas rojas, en la noche de intima y sosegada luz amorosa de las estrellas, las cantutas tiemblan cuando rompe a llorar con su canto Inca una quena pastoril que besa la tierra que llama a sus hijos que no los devuelve nunca, entrega su corazón con el hondo llanto de su flauta que parece decir.

Madrecita antigua
Madrecita buena
La noche ha llegado
Porque no me llevas.