viernes, 25 de abril de 2014

FRANCISCO PIZARRO Y LA CONQUISTA DEL PERU (PRIMERA PARTE)

Presta oído y avizora con tus ojos de lince Tu ¡oh muchacho travieso! Que lees estas líneas escritas para tu distracción; y tu muchacho adulto que finges experiencia precoz en las encrucijadas de esta vida nunca vivida lo bastante; y tú también viejo niño senil de enturbiada mirada henchida de tristeza y que anhelas vivir más todavía; oh infantiles muchachos, adultos infantiles e infantiles ancianos, porque les voy a narrar la historia fiera de unos aventureros temerarios, que ambicionaron el oro y las riquezas, la fama y sus ventajas, el poder y sus goces, en una edad remota, sanguinaria y sombría, miserable y heroica, villana y gentil, generosa y mezquina, diabólica y cristiana, gigantesca, suprema, soberana, impetuosa y arrolladora.

Que su lectura les aproveche muchachos de todas las edades, y que espero saquen sabedoras recetas que les ahorren sinsabores y enseñen la ciencia de poner en un brete las pasiones quemantes y encaminen la ambición, sin dejar por nada ambición y pasión al rehogar vuestra existencia en sus propios peroles.

Ellos vivieron sendas vidas violentas, excitantes, gestoras, destrozando sus vidas en la empresa, vosotros muchachos aprendan del choque feroz que de sus pasiones se desprenden.

EN TRUJILLO EXTREMADURA CIERTA VEZ

Despidiendo a la noche arranco del corral rasgando el negro manto apolillado de luceros, la firme y sostenida clarinada del gallo cual saeta sonora.
Gimió el silencio roto
Centellaron los astros

La noche recogió sus estrellas que tenían el brillo tembloroso de una triste mirada con lentitud calmosa, y la aurora sonrió, musical y celeste.

Los gallos del contorno, centinelas alertas entrecruzaron sus avisos garridos de que la aurora llegaba, en lejanía cada vez más cercanas las clarinadas de otros gallos, sonaron alertas, agresivas y fueron perdiéndose en dirección al sol, camino de la luz.
La corona celestial de la aurora se hizo oro matinal

Los puercos moviendo los rabillos ridículos, chapoteaban en el lodo del chiquero, fétido y negro, con reflejos de acero, derribando torpemente el agua sucia que bebían de una botija.

A la vera del camino real se encontraba este chiquero o porqueriza, su dueño un hijodalgo, hombre de guerra, coronel de los tercios del monarca que lustro sus blasones y relleno sus arcas al servicio del Rey, junto al gran capitán don Gonzalo de Córdova, su tocayo y amigo él se nombraba como don Gonzalo Pizarro.

El camino real serpenteaba como insinuando un garabato ante el corral de don Gonzalo Pizarro, lindando con el camino por muros de piedra, acá y allá se ven otros corrales, un caserón destartalado y una mansión deshabitada, un mesón u hospedería, ya matorrales, ya un erial, ya tierras secas.

Pasaban por allí desde temprano gentes a pie, jinetes a horcadas en corceles briosos, labriegos sentados con sus mujeres, mercaderes con breves carromatos ligeros.

Chapoteaban los cerdos en su triste y monótono movimiento de aguas terrosas en la acequia, cantora y pertinaz como llenas de nostalgia, de anhelos fugitivos, de ambición vagabunda, al cruzar la acequia vemos la cara seria del mozuelo Francisco, el que cuidaba el corral de los cerdos.

Tú recoge la pierna dormilón que pario la chancha y no lo barruntas, gritaba desde temprano día a día un enjuto vejete detrás de la tranquera y tirando terrones al cuartucho que guarecía a Francisco, que al poco tiempo asomaba pie descalzo, e invariable el vejete decía:
No medraras si lo presiente su merced don Gonzalo, además te romperá la tiesta.

Luego traía el resto del guisado habido en el mesón la noche anterior, sobrantes de vituallas todo metido en una cuba, vaciaba el vejestorio sus menjurjes y palmeándole en el hombro le decía:
Francisco eres poltrón y muy flojo así no conseguirás nada.

El mozalbete cuidador de marranos se llamaba Francisco y se decía en el pueblo, que era hijo a hurtadillas del señor don Gonzalo Pizarro, habido con cierta moza fachendosa de la misma ciudad, la Francisca Gonzales, hija de Juan Mateos y de María Alonso, no era poco abolengo en ese entonces por aquellos lugares saberse hijo cierto de tal y de la cual, más la Pancha Gonzales ora por despecho al desdén de don Gonzalo que paso por su vida y dejo eso, o por llevar de tapado su desliz, o bien por respeto o temor a las iras justas de Juan y de María sus dignísimos padres, personas pobres pero honradas, o por no andar en lenguas que es la peor servidumbre y el más desastrado acontecimiento, o por guardar la honrilla, o por esto o por lo otro, lo cierto es que doña Francisca abandono aun recién nacido y en pañoletas a Francisco, en un paquete al borde de la acera, bajo un viejo portal de dicha ciudad que es nombrada como Trujillo de Extremadura en España.

Eso decían las malas lenguas entonces en Trujillo, por malquerencia a don Gonzalo Pizarro, persona poderosa y que traía envidiosas miradas de los bellacos, y agregaban aunque de retorno a la tierra al ver a cierto rapazuelo de patas calatas y expósito sabido, sin ver que era su hijo habido en la Francisca, y que se asemejaba mucho a él, viéndolo ya útil lo reclamo de manos de una mujer humilde que lo había criado, amamantándolo con leche de marrana y que sin hacer conocer que era su propio hijo lo puso a cuidar los cochinos y cochinas en el corral.

Se le criticaba mucho a don Gonzalo Pizarro de tamaño desapego, sin igual desamor con el vástago, pero el magnífico señor pasaba por debajo del muslo el chismorreo y las habladurías de esos lenguaraces.
Y el mundo seguía rodando y ya el sol comenzaba a ponerse.

El mozalbete Francisco arreglaba el chiquero, hacia la limpieza, cambiaba por agua menos sucia la enlodada agua vieja del recipiente en que abrevaban los marranos, les daba de comer y luego terminado el quehacer contemplaba retozar a los cerdos pequeños, sentado en una piedra grande cerca de la acequia de aguas prietas, se quedaba extasiado contemplando el camino lleno de promesas, soñaba con países remotos, aventuras infinitas, mundos de promisión y de esperanzas y en su alma dolida, triste y solo, desamado y perdido entre sus cerdos, únicos compañeros de su infancia, soltaba el corazón en ardientes ensueños migratorios, como pájaros bobos y su imaginación resuelta ingresaba en caminos encantados de dulce utopía, conquistaba países, lograba tener mucho oro, derrotaba enemigos fantásticos en terribles batallas, y soñaba y soñaba ¿y por qué no? La tarde caía y la noche llegaba tendiendo su capote apolillado de luceros parpadeantes, Francisco el porquerizo se quedaba dormido, mientras los marranos dispersos, dejados a su suerte saltaban del chiquero e iban de fechoría aprovechando el descuido.

Todas las hazañas heroicas que años después realizara el señor don Francisco Pizarro, para asombro del mundo y provecho de España, excepto el bandidaje que en ciertas circunstancias tuvo que hacer, fueron soñadas ¡si señor! Por Francisco el porquerizo en el corral Trujillano de su padre, entre sus cerdos cerca de la acequia turbia e inmunda, contemplando entristecido el camino serpenteante y tentador que se perdía en lontananza, prometiendo imposibles, ya que nada grande puede hacerse en el mundo si no se soñó antes, largamente, maravillosamente.

A veces mientras soñaba el pequeño porquerizo imposibles hazañas, los cerdos violaron la tranquera y fugaron veloces por el camino real más audaces que él, como si se propusieran exaltarlo en sus bríos de triste cuidador de cerdos que los apacentaba, entonces Francisco devuelto rudamente a la realidad desde su reino de prodigios, Asia un palo y corría por el camino exasperado , mudo de pánico, persiguiendo sus cerdos uno a uno por los atajos y recodos, muy entrada la noche hasta cogerlos y encerrarlos, rendido, anonadado, con horror en la mirada por la ira posible del hijodalgo y señor don Gonzalo, se tiraba en el jergón y dormía como duermen los mozos que se asustan cuando se asustan siendo mozos, pues hubo ocasiones en que sentado escuchando los ruidos de la noche, sintió la impresión de una mirada que se clavaba y que movía la cabeza, él se quedaba patitieso, congelado al contemplar la temible cabeza severa, de gran nariz y barba cana en puntera, bajo un birrete de terciario, apareciendo tras del vallado, mirándolo con ojos filicidas, largo rato y luego desaparecía, Francisco se quedaba sin resuello.
Don Gonzalo se iba
Francisco asustado temía su retorno.

Algunos preguntaban en el mesón del lugar mirando el abandono del muchacho.
Dicen que es de don Gonzalo, el caso es de dudar.

Rodaban los dados del corneo cubilete sobre el basto tablero, manchado con vino fuerte y tinto, lleno del sol de Andalucía.
Sonaban las carcajadas.

Pero una vez Francisco soñó más de la cuenta, los cerdos se fugaron, haciendo su garrote los busco como siempre, pero esta vez no los hallo, desesperado, anhelante, compungido y lloroso se alejó del corral, desalentado se sentó a meditar en su desventura; se decidió a escapar para librarse del castigo, ¿pero dónde ir? ¿Qué sendero tomar? ¿Cómo vivir?

Pero acertaron a pasar por allí donde el mozuelo se encontraba, unos mercaderes ambulantes que iban de pueblo en pueblo, trocando sus productos, se acercó a ellos que lo acogieron bien, decían que marchaban a Sevilla y el marcho para allá, feliz y alegre libre de su marranos y la severidad de su amo, don Gonzalo Pizarro, coronel de los tercios de Italia con el gran capitán.

Los mercaderes han sido casi desde siempre, sujetos de medianos escrúpulos y no averiguaron la procedencia de Francisco y cargaron con él, para servirse del mozuelo que era vivo y diligente y les gano la voluntad, así marcho de pueblo en pueblo y aprendió en tan aguda compañía finísimos recursos, y adquirió la ciencia y el arte que permite meter gato por liebre a las gentes poblanas, era muy hábil el mozo para tal menester, pero Francisco tenía el alma ardiente y era robusto y tenía gran empuje, comprendió que no era eso lo que quería el de desmenuzar la existencia en tales enredillos, abandono a los mercaderes y rodo por el mundo, anduvo con los faranduleros en las ferias, vagabundeo a su arbitrio en excelentes o pésimas compañías, merodeo en los puertos, la justicia tuvo que ver con él y alguaciles temibles y de aliento avinagrado lo persiguieron más de una vez, muchos trataron de envolverlo en papeleos pero su buena estrella y la malicia natural lo sacaron con bien de los aprietos.

Diestro era ahora Francisco Pizarro en el manejo de la espada, pero era corto y tímido por lo mucho sufrido en su niñez, su mezquino saber y ninguna letras, fue el subalterno en aquellas andanzas y correrías, pero aprendía pronto y adquiría sapiencia de la vida, esa que no se encuentra entre cartapacios y libros, leía ligero la maldad en la trapacería de los ojos, era obediente a las órdenes y capaz de hacer pronto y firme cualquier encargo, o comisión de bajo vuelo y por eso se le apreciaba y se le requería; pero Francisco Pizarro soñaba con la guerra, con los tercios de Flandes y de Italia, se extasiaba con el mar infinito y proceloso abierto por Cristóbal Colon a la audacia sin límites de las velas latinas.

¡Ah! La riqueza presentida de aquellos territorios emergidos del mar, a la aventura y temeridad sin importar un ardid en cualquier lance por el honor y los maravedíes.
Qué edad tienes Francisco, lo interrogo cierta vez el capitán de la partida.
Averígüelo, responde Francisco.

Doy por averiguado que vienes de los setenta tantos, tienes mayoría de edad.
Vive dios has hablado como los hombres y eso vasta.
Bebamos capitán, salud,

Salud y bienandanza, suerte y maravedíes, apunto el capitán golpeando con el pomo la tizona sobre la mesa rustica de la taberna en la que estaban, escancio el capataz en los vasos de estaño el vino de un garrafón, bebieron haciendo sonar los gargueros y chasqueando la lengua, pues no eran gentes finas y acabaron el vino.

Grato este vino, no es cierto mi capitán.
Si muy trepador y alegrón.
Grato alegre y barato.
Carcajeo la tropa.
Nos da lo peor este bellaco de cantinero.
El mozo se acerca y dice, es cosa fina de lo bueno lo mejor, defendiendo su cabeza de los golpes de espada que le dan los aventureros, venga más vino que mal rayo te parta.

Grande algazara hay en la taberna, juramentos y rizas, choques de vasos y estallar de garrafas contra el piso, ruido de dados y todo impregnado de un fiero olor a cueva.
Levantando la voz el capataz con la mano en bocina, grita hay mucho enganche para las indias de occidente.
Pronto saldrán 3 navíos y doce carabelas, enrumban prestos.

Ya engancho muchos hombres, va de sobrado ya.

Francisco Pizarro pasa hambrunas y cuitas, espadachín de oficio se alquila, pone su brazo y su agudeza, habilidad y destreza a quien lo paga, en ocasiones lleva repleta la bolsa y paga el vino en las tabernas con fuertes sumas, en otras marcha desmantelado, de trapío, sin embozo ni capa, pero Francisco no desespera, tiene paciencia y serenidad, guarda confianza en sí, en su brazo potente y en su espada certera, en su ojo avizor y su olfato de lince, espera y cuando a su costado acierta a pasar la ocasión, Francisco estira el brazo y empuña bien presto, más cuando ella se tarda y no se asoma, Francisco va en su busca y la suele encontrar; pero la época es mala, decae, menguan las ocasiones, disminuye las áureas ganancias, hay ocasiones en que anda sin tizona, con el zapato desgastado y sin jubón, con la capa prestada.

En otra parte arden las guerras en Navarra, don Gonzalo Pizarro se encuentra por esos lares, guerreando y mandando al lado de su hijo reconocido Hernando; Francisco decide ir y marcha allá, se engancha y guerrea, hiere y lo hieren, mas no lo matan aunque si lo intentan, gana fama su brazo y ya es un soldado hecho y derecho, lo aprecian porque es fuerte, valiente y audaz, maneja la espada lindamente, tiene ingenio y es altivo, es enviado a servir en el tercio que capitanea don Gonzalo Pizarro, pero don Gonzalo lo ignora vive Dios hay tantos soldados en cada tercio, pero Francisco se destaca, a menudo ve a su padre pasar en su corcel de guerra, firmemente sentado en el apero, centellante la espada toledana, pero Francisco aun le teme, más que a los mosquetes, trabucos y tizonas, teme la mirada endemoniada de su padre y señor y la ira tremenda por la pérdida de los marranos del corral Trujillano, Francisco es un buen combatiente y don Gonzalo se entera y Hernando su hermano lo propala, entonces el capitán Gonzalo Pizarro lo llama a su servicio y lo coloca entre los que se lanzan al combate rodeando su persona.

¿Cómo, cuándo, porque, con qué motivo, el capitán don Gonzalo Pizarro reconoce a su hijo? Nadie lo sabe.

Lo cierto es que Francisco en las guerras de Navarra y en Italia, sigue al lado de don Gonzalo que ya es coronel, guerrea al lado de su padre y de su hermano y se hace nombrar con permiso de don Gonzalo como Francisco Pizarro.

Con la aparición de don Alonso Quijano, el famoso don Quijote de la Mancha, es cuando España comienza a expandirse, siente dentro de sí la urgencia de aventuras estrepitosas, que la lleven fuera de su recinto a representar las peripecias de sus potencias imaginativas en brote fantástico, el caballero de la mancha hace su primera salida contagiando a señores y vasallos su morbo mental, Isabel la Católica escribe sin aun saberlo, el prólogo de la novela que vivirá su raza en el continente americano, fomentando las locuras del trashumante peregrino de la Rábida; cuando España se quijotiza hasta sus analfabetos se transforman en personajes, la América india se levanta en el fondo de la bruma como un castillo encantado, fantaseado por el misterio de su lejanía y apetecida, tienta y como el quijote a procreado hijos imprudentes, se lanzan impelidos por los resortes de la sangre a la aventura, frente a esta tentación los puertos se colman de aventureros, las carabelas rocinantes trajinan las aguas.

Hay un ir y venir inusitado en el extenso puerto y las olas humedecen suavemente la orilla, en la roqueda los copos tornasoles de espuma burbujean.
El mar se abre, infinito y azul hacia la inmensidad.

Cimbra su arco extendido el horizonte arrebolado, uniendo el mar al firmamento, cielo azul, mar azul, gaviotas en bandadas que felices se pierden, olor a yodo y salitre, olor a algas.
Se mecen las carabelas en el puerto, alzan su proa de tres palos los navíos, se hincha el velamen, crujen los palos, se tiemplan los cordajes sonoros, silva el viento en las jarcias y los foques oblicuos y angulosos, van soslayando el ventarrón en tanto la cangreja golpea, apuntan los baupreses, van y vienen las gentes en el puerto.

Ya se hacen a la mar las grandes naves y las someras carabelas van repletas de gente aventurera, tipos hambrientos de oro y de buena fortuna, muchachada que anhela la gloria y la riqueza, hombres de oscuras mientes y de espíritus torvos, malvados e ignorantes, letrados y bandidos, frailes y matarifes, hay de todo en esta vasta expedición, gentes de valía y temible detritus.

Los marineros se aprestan a la maniobras, mientras los civiles acodados a la borda se asoman en racimos, por las escotillas y claraboyas, cantan alegres y felices y dicen adiós al gentío de la playa, el viento es favorable, la briza de rato en rato trae trozos de las canciones preñadas de esperanza.
Porque nací gitanillo
y no me gusta el trabajo
y lere, lerele , lerele.

Ya se pierden allá, las líneas elegantes del velamen latino, dibujando zigzag en el cielo las aves marineras, y el sol se hunde a lo lejos, incendiario, tras el tenso horizonte y zambulle su bola ensangrentada en el mar azul, el crepúsculo pasa sobre el puerto, como aleta fugaz y la noche desciende, brillan en lo alto los luceros, la luna llena obesa va plateando como una estela el camino de las indias.

En el puente Cristóbal Colon vigila, es el último viaje del gran almirante, ya había sido enviado a España encadenado por el canalla Bobadilla, una leve tristeza ensombrecía por momentos la cristalina transparencia de sus ojos azules, llenos de fuerza y de dulzura.
Cantaban los soldados hacinados en las bodegas y pañoles.
Argentaba la luna, hacia frio.

Soldados, marineros, aventureros, trajinantes de todos los caminos de la tierra, picaros redomados, hampones de baja estofa y pésima ralea, tirados en cubierta o amontonados en el fondo, sobre jergones o las lonas del velamen, codo con codo, dormían sobre el suelo la mayoría de ellos, ateridos en las noches friolentas, tratando de abrigarse unos a otros apretándose, jadeantes, sudorosos, casi asfixiados cuando el sol resplandece en las tardes ardientes, alegres y esperanzados en las horas de calma y de barlovento, navegando con viento en popa, otras veces desalentados cuando el mar se hinchaba y el cielo se encapotaba anunciando tormenta, cuando era contraria la ventisca.

Lentas, pesadas, largas, inacabables parecían las horas para la tropa, salvo las guardias que hacían los soldados y los servicios de la marinería, la tropa no tenía nada que hacer y las horas consagradas al sueño eran desapacibles, los momentos de comer era cada vez menos grato, la tropa se iba hartando de la navegación y se desesperaba por pisar tierra firme, pero el suelo era lejano aun.

Tras la nave capitana iban las otras, a veces cuando la calma chicha se hacía en torno de ellas, pesaba como el plomo el aire inmóvil, se aflojaban las jarcias y las velas chorreaban desinfladas como odres vacíos, en el océano infinito no se formaba ni una arruga, el cielo terso mantenía serenas y ceñidas a su azul a las nubecillas albicantes.

Silencio y soledad, entonces las naves de dos a dos, soltaban calabrotes y se atrincaban en calmo barloar, el pasaje cantaba y cada cual entonaba una canción de su terruño, evocativa del remoto lugar familiar y soltaba la mente hacia el paisaje de la infancia.

Otros jugaban, cubileteando su fortuna futura al rodar de los dados de madera.

Tornaba a soplar la racha favorable y las jarcias crujían, las velas se inflamaban, soltadas las barloas, desceñidos, viento en popa avanzaban, codiciosos los barcos señalando el bauprés a la esperanza.

El océano arrugaba el entrecejo, trajinaban las nubes en la cúpula honda azul dorada, señalando la ruta, el clarín de la briza daba su son triunfal.
Marineros y soldados, redomados bellacos, picaros de mala ley, frailes, hampones y señores, hijosdalgo pobres pero ambiciosos, hombres de aquella edad aventurera, almas recias, nervios de hierro castellano que empujan bajeles a países de ensueño y territorios imposibles, valerosos señores que se jugaban la vida al cubilete, que perdían o ganaban en jugadas desalmadas por cuestiones de monto o baladíes, caballeros violentos de esa edad acabada, que rayaron los mares con caminos de espuma, inventando el mundo y ganando países amasados con sangre, audacia, robos, dolores y penurias a golpes de arcabuz o de garrotes, que sea liviana la tierra de la fosa que los cubre y que Dios en los cielos los aguante, por Belcebú.

Es de noche y la luna platea e ilumina el derrote, pestañean los luceros, en la postrera carabela y cerca de la rueda del timón, que mantiene con mano firme el segundo piloto, mozalbete italiano hecho a la travesía del océano muchas veces hendido por el gran almirante, quien surge con su alta silueta corpulenta y clava los ojos en la noche con dirección a las indias, la capa batida por el viento a sotavento le azota los flancos, el permanece inmóvil largo rato y parece querer perforar las sombras.

Pregunta el segundo de abordo ¿demorara este tiempo nuestra travesía?

Si el viento empuja como ahora toda la noche en cuatro lunas llegaremos, más si se torna mal el tiempo, pasaremos por la Dios es cristo respondió el gran almirante y siguió mirando el mar embozado en su capa.

Avanzaba la nave velozmente con tremendo balance, el monótono golpear de los maderos, el silbido del viento siempre igual y el vibrar de las cuerdas adormecían al piloto asido a su rodela, soledad, cerco negro de la noche anchurosa, clarines de los vientos, guiños de las estrellas, la luna hecha de harina redonda se pulveriza sobre el mar, trozos de canciones perdidas, lugareñas, tristes y melancólicas, que angustian el alma con su apretón nostálgico.

Soledad, soledad oscuros horizontes sin fin.

Avanzan los bajeles viento en popa y el piloto dice, capitán Inglaterra clava los ojos en este piélago, corsarios Ingleses trajinan hacia allende. Rayos y truenos, dejaran sus huesos si osan pisar estas tierras que son dominios de Castilla.
Dicen capitán que hay un navío de tres puentes trajinando estos mares, luego parece que se pierde y se hunde en el mar, luego torna a salir a todo velamen.

No hables de esa manera que pareces no ser un piloto de este océano.

Frisaría los treinta años de edad don Francisco Pizarro, cuando escuchara lo dicho por el piloto Italiano, cerca de timón de proa en la carabela del almirante Cristóbal Colon, en su último viaje a tierra firme; reía don Francisco Pizarro de las supersticiones del piloto, pero como la travesía se alargaba y disminuían las vituallas y se racionase, los vientos se tornaron contrarios y el mar se encrespara y estallaran las jarcias, el velamen se rasgase y algunas vergas locas barrieran la cubierta, rompiendo la tiesta a más de uno, luego como varios murieran y la peste arrasara se arrojaban a diario cadáveres al océano, entonces las supersticiones del piloto tomaron cuerpo entre la gente, hiriendo con colores sombríos las imaginaciones, el navío fantasma de tres puentes que surcaba los mares viento en popa contra todos los vientos, que se hundía en las aguas para luego ascender y seguir viento en popa, señoreando el océano y sembrando el terror, fue por casi todos creído, visto, escuchado y palpado, versiones espantables corrían sobre el buque fantasma de navío en navío.

Rio de muy buena gana el gran almirante con las ocurrencias de su piloto, como buen Genovés y viejo lobo, don Cristóbal Colon era supersticioso y creía en fantasmas y en barcos sumergidos, en sirenas doradas de cabelleras verde Nilo que encantaban a marinos precipitándolos al fondo del tragaldabas mar cantor, creyó de cabo a rabo las patrañas de su piloto, pero nadie le disputaría el océano, ni Inglaterra ni el demonio, aunque todos los pueblos arribistas de esta bola terrosa tenían puesto los ojos en las indias.

¡Oh! Dios de dioses aquella noche oscura y tormentosa, llena de sombras espantables y ruidos tremebundos, chaparrones desmedidos, truenos y relámpagos, rayos y maldiciones, en que las olas cual montañas barrían la cubierta desmantelando los bajeles.

Esta noche espantable, por todos los Dioses del olimpo, gente desalmada forjadas en todas las maldades, todas las durezas y todos los dolores, gentes endemoniadas que dieron su alma al diablo y jugaron sus vidas en mil ocasiones, gemían despavoridos en los pañoles y bodegas, desesperados de morir esa noche tremenda tragados por el mar.

Amarrado al trinquete muy cerca del piloto que Asia su timón, don Francisco Pizarro tiritando, morado, hecho un pingajo y chorreando por todas las chorreras agua de lluvia, famélico, afiebrado, con los ojos salidos como cocos de las orbitas, Dios de los dioses, vio bien claro por el relámpago, venir la feroz carabela, catapultarse, poderoso e inmenso al navío pesado de tres puentes, velamen al viento que se acercaba.
Erizados los pelos el piloto vio venir la muerte, y creyó ver en la alta proa del navío fantasma de tres palos en claras letras su nombre grabado “la pureza” frente a Jamaica naufragaba la escuadra, desnudos, tiritando entre los pocos escapados a la hambruna del mar se encontraba Francisco Pizarro..


domingo, 13 de abril de 2014

EL DIARIO DE LIMA (ULTIMA PARTE)


ABRIL DE 1634

 

Hoy primero de abril, llego un correo extraordinario desde el puerto de Paita con cartas de tierra firme, en la que el presidente de Panamá escribe a su excelencia el señor virrey con fecha del 12 de febrero, que por noticias llegadas desde Cartagena se ha sabido que el marqués de Cadereyta había llegado a la Habana con los galeones y había tenido disgustos con los pilotos de la armada.

Así mismo, avisan que en Cartagena hizo el gobernador justicia con un numeroso grupo de negros cimarrones, que se habían fortificado en un palenque y estaba comandada por una negra valerosa a la que llamaban Reina y que costo gran trabajo prenderla.

Este mismo día por la mañana en el convento de san francisco se hicieron las honras del difunto don Miguel de Lizarazu, quien era hermano del señor presidente de las Charcas, asistieron a ella el señor arzobispo y la real audiencia.

Día 2, llego la nueva que el señor presidente de las Charcas don Juan de Lizarazu, había llegado la noche anterior al pueblo de Carabayllo a tres leguas de esta corte.

Este día su excelencia el señor virrey ordeno despachar una gran cantidad de soldados a caballo, contra los negros cimarrones que inquietan el contorno de Cieneguilla.

Día 3, esta mañana murió de un infarto don Bartolomé Torres de Cámara, quien era escribano público y del número de esta ciudad; en el puerto del Callao murió un religioso de la orden del beato juan de Dios.

Día 4, su excelencia el señor virrey ordeno despachar título de capitán de infantería del presidio del puerto del Callao, a don Diego de Egues y Beaumont, quien es caballero del habito de Santiago, este cargo en el presidio del puerto lo tenía don Pedro de Corcuera.

Día 5, un arriero de Huancavelica trajo a esta ciudad dos cargas de piedra de la mina de brea que se descubrió en el distrito de aquella villa, habiéndose beneficiado se descubrió ser excelente, no se quema y consume en la lumbre y se descubrió ser muy a propósito para conservar el vino.

Día 6, los señores de la real audiencia en revista confirmaron el auto del gobierno, en que se manda suspender por ahora el cumplimiento y ejecución de la real cedula acerca del pago del dos por ciento de las viñas.

Día 7, entro a esta ciudad el señor doctor Juan de Lizarazu, presidente de la real audiencia de las Charcas llego con su esposa y familia.

Día 8, sábado de ramos, el señor virrey y la real audiencia por la mañana hicieron la acostumbrada visita general de la real cárcel de la corte, estuvieron hasta las dos de la tarde, luego a las cuatro de la tarde fueron a la cárcel de la ciudad y soltaron algunos presos con condenas leves.

Día 9, domingo de ramos, el señor virrey y la real audiencia por la mañana asistieron a los divinos oficios en la santa iglesia metropolitana, predico el doctor Pedro de Ortega un sermón magistral.

Este mismo día llego un correo extraordinario de la villa de Potosí, en el que viene un resumen por mayor de la plata que baja este año a la cuenta de su majestad el Rey, la real caja dice que es un millón con cuatrocientos mil ducados.

Día 10, ingreso a esta ciudad don Francisco de Loayza, caballero del habito de Santiago y vecino encomendero del Cuzco, dicen que viene en seguimiento de un pleito criminal.

Día 11, llego la nueva que se había ahogado en el rio de Cieneguilla don Francisco Núñez, quien era más conocido por su apodo frasquillo, era barrachel de campaña y él iba en seguimiento de los negros cimarrones que asolan esa región.

Día 12, miércoles santo y esta tarde el señor virrey y la real audiencia, asistieron a las tinieblas en la iglesia del convento de monjas de la encarnación, donde su excelencia el señor virrey vio la procesión de los nazarenos que salió de la iglesia de predicadores.

Día 13, esta mañana el señor virrey y la real audiencia asistieron a los divinos oficios en la santa iglesia metropolitana, el señor arzobispo canto la misa de pontifical e hizo la consagración de los santos oleos, por la tarde se hizo una procesión.

Día 14, esta mañana su excelencia el señor virrey y los miembros de la real audiencia volvieron a asistir a la iglesia metropolitana, el señor arzobispo canto la misa, por la tarde fueron a oír las tinieblas en la iglesia del convento de monjas de la concepción, desde donde vieron la procesión del entierro de nuestro señor Jesucristo que salió de la iglesia de la merced, poco después salió otra procesión de la iglesia de san francisco.

Día 15, amaneció en el puerto del Callao la nave capitana que viene desde Arica con el tesoro de su majestad, dio fondo la noche anterior como a las 11 de la noche y trae por nueva que en dicha ciudad de Arica el día 24 pasado había muerto doña Magdalena de Castro y Guzmán, quien era esposa del señor licenciado don Antonio de Calatayud, oidor de la real audiencia de la Plata.

Este mismo día por la mañana el señor virrey ordeno una junta del real acuerdo general de hacienda, llamo a los priores y cónsules del comercio de mercaderes, su excelencia el señor virrey ordeno que la armada partirá para tierra firme el 3 de mayo, esta reunión termino a las 5 de la tarde.

Día 16, fiesta de pascua de resurrección, se hizo la acostumbrada procesión en la iglesia de san Agustín con mucha solemnidad y concurso de gente.

Día 17, el señor virrey y la real audiencia asistieron esta mañana a la santa iglesia metropolitana, a la misa y sermón que predico el padre fray Blas de Acosta, de la orden de santo domingo y por la tarde el señor virrey y su esposa fueron a la Alameda.

Día 18, su excelencia el señor virrey hizo merced a don Francisco Espejo, quien era portero de la real audiencia, ahora será alguacil de oficiales reales puesto que vaco por la muerte del alguacil Solís.

Día 19, por despacho que remitió el juez eclesiástico de la ciudad de Huamanga, se revocó en todas las sentencias lo que el provisor había dado contra tres monjas de santa Clara, se ordenó reintegrar a todas las preeminencias que antes gozaban.

Día 20, el señor virrey hizo merced de los siguientes corregimientos:

A don Hernando de Añazco, quien era teniente de la guardia de a pie, el corregimiento de Cañete.

A don Francisco Tello, caballero de la orden de Santiago quien el año pasado vino de tierra firme, el corregimiento de Chumbivilcas.

Al general don Fernando Ordoñez de Valencia, el corregimiento de Moquegua.

Día 21, el señor virrey nombro al doctor Dionisio Pérez Manrique alcalde del crimen de esta real audiencia, como juez en comisión a la ciudad de Cajamarca.

Día 22, don Antonio Cabezas y don Diego López, mercaderes muy acreditados en esta plaza tuvieron un cruce de palabras muy pesadas y llegaron a sacar las espadas en la calle de los mercaderes, dicen que discutían sobre dilatar el pago de uno al otro de cierta cantidad considerable, por causa de no haber llegado las recuas que traen la plata de la ciudad del Cuzco, cuya tardanza hace mala obra con muchos interesados.

Día 23, ingreso a esta ciudad la recua que llevo el azogue a Caylloma y entrego en esta real caja 210,000 pesos, descontados los quintos de su majestad el Rey en aquel asiento.

Día 24, llego el correo ordinario desde Quito y de cartas que llegaron del puerto de Paita, avisan que una noche le cortaron la cara a don Pedro de Carvajal, quien es contador de la real caja sin encontrarse aun al malhechor.

Este mismo día por noticia que tuvo su excelencia el señor virrey, por vía de un negro espía que se ofreció dar en manos de la justicia a los cimarrones que andan en los cerros de Cicicaya, despacho esta misma noche al provincial de la hermandad y muchos soldados a pie y a caballo pero solo cogieron a una negra los demás negros cimarrones huyeron.

Día 25, llego un correo extraordinario de la ciudad de la Plata, que trajo las cuentas de los oficiales reales de la Paz.

Por cartas llegadas en este correo extraordinario se supo que entre la villa de Potosí y el Cuzco, había quebrado don Francisco de Valderas en más de 40,000 pesos que traía cargado en su recua, de la cuenta de diferentes personas particulares y vecinos del Cuzco.

Día 26, don Luis Correa quien es hijo de don Sebastián Correa, mercader Portugués muy rico que vino hace poco de España, tuvo una pendencia con don Francisco de Espejo, ambos resultaron heridos levemente.

Día 27, llego un correo extraordinario desde la ciudad del Cuzco con las cuentas de la real caja.

Día 28, se enterró en esta santa iglesia metropolitana el sargento Jacinto Rodríguez, oficial sombrerero que la noche anterior como a las 8 de la noche, después de haber cenado y estando sano y bueno le sobrevino un ahogamiento de flemas y en menos de una hora le quito la vida.

Día 29, al mediodía ingreso a esta ciudad el arriero que trae la plata a cuenta de su majestad el Rey de la real caja del cuzco.

Día 30, amaneció quemada la puerta de la tienda de un mulato, quien es oficial de platero y alquila la casa de doña Catalina Ordoñez de Córdova, se dice que le robaron al mulato todo lo que tenía en ella que valdría más de 1,000 pesos.

 

MAYO DE 1634

Hoy primero de mayo a las 8 de la noche, cerca de la puerta reglar del convento de predicadores queriendo un negro quitar a una negra 10 pesos que traía, ella empezó a dar voces de auxilio y de una de las casa salió una mulata y queriendo defender a la negra el ladrón le dio una puñalada en la garganta con un cuchillo carnicero, murió sin poderse confesar ni recibir los santos sacramentos.

Día 2, su excelencia el señor virrey ordeno prorrogar el despacho de la armada real hasta el día 12 de este mes.

Día 3, a las 4 de la madrugada hubo un temblor en esta ciudad, aunque duro un breve espacio no hizo daño alguno.

Día 4, dio fondo en el puerto del Callao el navío del capitán Domingo de Santibáñez, trae desde la ciudad de Arequipa la plata de su majestad el Rey y de particulares, fue mucho menos la cantidad que se esperaba, en dicho navío también llego don Juan de Valencia.

Día 5, su excelencia el señor virrey con el parecer del real acuerdo general de hacienda, del piloto mayor y de otras personas prácticas en las cosas del mar resolvieron enviar en esta presente ocasión a la armada real con suficiente cantidad de plata a Castilla, para que en Vizcaya se fabriquen 4 galeones para este mar del sur que se halla muy necesitada para su continua defensa, los cuales al estar terminadas vendrán por el estrecho de san Vicente.

Este mismo día por mandato del señor licenciado don Juan Bueno de Rojas, alcalde del crimen de esta real audiencia trajeron presos a esta real cárcel de corte, a 33 personas entre españoles, negros e indios para la pesquisa por la pérdida de 4 barras de oro en el pueblo de Pachacamac, que le fue hurtado al arriero que traía la plata de su majestad el Rey desde la ciudad de Castrovirreyna.

Día 6, dieron fondo en el puerto del callao los navíos de Manuel Rodríguez y de don Manuel Rosado, que vienen desde el puerto de Arica con una gran cantidad de plata.

Este día se refugió en la iglesia por fallido y quebrado don Francisco Gonzales de Olivera, llamado por sobre nombre el africano, también se refugió un mercachifle de los cajones, en días pasados hizo lo mismo un mercader de esta calle llamado Jorge de Tavares.

Día 7, su excelencia el señor virrey nombro al capitán don Francisco de Sosa, como cabo de la nave capitana, al capitán Fernando Albarracín como cabo de la nave almiranta que en esta presente ocasión viajaran hacia tierra firme con el tesoro de su majestad el Rey y plata de particulares.

Este día llego la nueva que el corregidor de la provincia de Huarochirí don Joseph Jarava, caballero de la orden de Santiago y con una gran cantidad de indios de su jurisdicción ha apresado a los negros cimarrones de Cieneguilla y mataron a algunos de ellos que se resistieron.

Día 8, esta mañana los señores de la real audiencia no acudieron al despacho ordinario de los pleitos, por estar ocupados en firmar los autos y recaudos que han de ir a Castilla en la presente ocasión, por la tarde hubo el acuerdo ordinario de justicia.

Día 9, al mediodía ingresaron a esta ciudad 12 negros y 10 negras, que fueron capturados por el corregidor de Huarochirí.

Día 10, en el barrio del colegio de san Martin como a las 8 de la noche, estando dos hombres parados en una puerta llegaron otros dos y de improviso les dieron cuatro estocadas, no les dieron oportunidad de sacar sus espadas y uno de ellos murió en el hospital de san Andrés y el otro está herido gravemente.

Día 11, el padre maestro fray Luis de Vera, quien es mercenario presento una petición ante el rector de esta universidad, por la que se opone a la catedra de sagrada escritura que se proveerá el próximo mes, por haberse cumplido los 4 años que sirvió el padre fray Lucas de Mendoza, provincial de la orden de san Agustín.

Día 12, el prior y cónsules de comercio de esta ciudad, por la mañana presentaron un memorial al señor virrey, suplicándole se sirviese conceder nueva prórroga al despacho de la armada real porque aún no llegan las recuas del Cuzco que traen más de 700,000 pesos de particulares; el señor virrey ordeno una junta del real acuerdo general para ver este punto y se proveyó prorrogar hasta el 17 de este mes, después por la tarde se pregono por la calle de los mercaderes.

Este día por la tarde don Antonio Henríquez del Castillo, regidor de esta ciudad pidió licencia al señor virrey para casarse con la sobrina de doña Paula Piraldo.

Día 13, este día el prior y los cónsules de comercio sacaron de la iglesia de san Agustín a don Francisco Gonzales de Olivera, por haberse retraído en dicha iglesia por no poder pagar sus deudas que se dice es mucha cantidad de pesos.

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Como ha visto el lector de este diario, escrito por el clérigo don Antonio Suardo, solo abarca desde el 15 de mayo de 1629 hasta el 13 de mayo de 1634, la profunda religiosidad de nuestros mayores rebosa en todas estas páginas, pero no era insustancial y gazmoña como han dado en pintarnos ciertos escritores mal avenidos, pero no obstante su acendrada piedad, el genio Español siempre puntilloso y altivo estaba pronto a desenvainar la espada ante la menor injuria, en lo que toca a la justicia merece observarse la escrupulosidad con que se procedía, ninguna acepción de personas en la aplicación de las leyes o los castigos, pues lo mismo se enviaba a la cárcel y se le ponía un par de grillos al mozo de campo y plaza, al vulgar ladrón o al más encopetado hidalgo, además de ser la justicia imparcial era ejecutiva pues no daba plazos para restablecer el orden sino procuraba hacerlo de inmediato.

Fue don Luis Gerónimo de Cabrera y Bobadilla, cuarto conde chinchón y virrey de este reino, quien encargo escribir este diario, si bien no tuvo el que hacer frente al enemigo extranjero, tampoco vio alterada la paz interior por graves turbulencias, pues este nombre no merecen las contiendas entre Vicuñas y Vascongados, que por tanto tiempo convirtieron a la ciudad imperial del Cuzco en un campo de lucha, que según nos refiere el cronista Martínez Vela en sus anales se renovaron en 1637, el alzamiento de los indios Calchaquíes en el Tucumán y los de la laguna en Chucuito; mayores cuidados le acarrearon los avances de los Paulistas o mamelucos del Matto Grosso, quienes en frecuentes correrías asaltaban las reducciones del Paraguay con el fin de reducir a la esclavitud a sus habitantes, sabedor de todo los padres de la compañía de Jesús y especialmente el padre Nicolás Duran Mastrilli, quien había sido provincial de aquel lugar y luego del Perú, escribió en diversas ocasiones al Rey sobre la materia sin mucho resultado, solo años después se vino a tomar resolución, los Portugueses con deseos de expansión territorial habían avanzado a lo largo del rio Amazonas y llegado hasta la confluencia con el rio Napo, desde donde les fue fácil continuar hasta Quito, esta expedición encomendada al capitán Pedro Texeira fue una revelación para el gobierno Español, que dicho sea de paso nada hizo para impedir el avance.

“la relación del viaje de Texeira la remitió don Martin de Saavedra y Guzmán, quien era gobernador y capitán general de nueva Granada,  al presidente del consejo de indias don García Méndez de Haro, conde de castrillo con fecha 23 de junio de 1639, junto con un mapa del curso del rio Marañón cuyo origen se coloca en las cercanías de Quito, publico esta relación don Marcos Jiménez de la Espada en Madrid en 1889, tomándola del manuscrito de la biblioteca nacional 5859, lo que dio lugar a la aventura de Texeira fue el viaje emprendido por dos franciscanos fray Andrés de Toledo y fray Domingo Brieva quienes en 1636 por el Aguarico y el Napo bajaron al Amazonas y arribaron al Para´ en 1637.  

Otro suceso que ocurrió y no fue consignado por Suardo fue el descubrimiento de la Quina o cascarilla, ateniéndonos a la versión más común y mejor fundamentada la enfermedad de la virreina fue la causa de que la propiedad del maravilloso febrífugo fuera conocida, el haber venido por tierra atravesando los valles de la costa donde aún era endémico el paludismo, se sospecha que fue donde contrajo la dolencia, la condesa hizo su entrada en Lima el 19 de abril de 1629 y solo un mes más tarde empieza la relación de Suardo, así se explicaría el silencio del cronista.

Es lamentable que Suardo interrumpiese su diario, de lo contrario podía haberse dado la mano con Mugaburu y se tendría la historia continuada de la ciudad de los Reyes por más de medio siglo, el virrey conde de chinchón cita que el que continuo el diario de Lima fue don Diego de Medrano, pero la obra de este aún permanece desconocida.

 

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jueves, 27 de marzo de 2014

VIVA EL PERU SEÑORES


EL DIARIO DE LIMA (PARTE LVIII)


MARZO DE 1634

1 de marzo, día de ceniza, el señor virrey y la real audiencia esta mañana asistieron a la santa iglesia metropolitana, a la misa y sermón que predico el padre fray Alonso de Herrera (1) de la orden seraphica.

Este mismo día el señor virrey acompañado del padre Diego de Torres quien es su confesor, y del padre Nicolás Duran quien es provincial de la compañía de Jesús fueron al barrio de santa clara, a ver un solar para la fundación que pretenden hacer dos mercaderes de la ciudad, será una casa en la que se recoja mujeres abandonadas.

Hoy también un poco más tarde de la hora de la oración se produjo un aguacero grande y de esto aprovecharon algunos presos de la real cárcel, para limar una de las rejas que caen a la calle e hicieron un agujero por donde huyeron diez de ellos, se dice que hubieran sido más pero un guardia escucho ruidos y descubrió la fuga.

Día 2, se enterró en el convento de monjas de la encarnación doña Lorenza Cerrato, a los sesenta años y fue un trienio abadesa de esa casa con gran aprobación de virtudes, se hallaban presentes el señor arzobispo y los señores prebendados.

Hoy llego un correo ordinario desde el Cuzco, avisan que en esa ciudad habían asesinado a don Francisco Balboso,  fueron dos de sus mayordomos y a traición por ciertas palabras que les dijo.

Día 3, su excelencia hizo merced del beneficio curato de santa Ana al doctor Alonso Corbacho, quien tenía en propiedad la doctrina de Quivi.

Día 4, en la repartición de nieve como a eso del mediodía, hubo peleas y cuchilladas.

Día 5, después de la hora de la oración, mataron a un hombre en la esquina de la plaza.

Día 6, por cartas que llegaron de la provincia de Canta, avisan que en aquella sierra ha habido continuos y copiosos aguaceros que más parecía un diluvio, ha destrozado los caminos y asolado pueblos enteros y destruido todas las cementeras, dicen también que a tres personas los arrebato el torrente al estar recogidos debajo de un pacayal.

Día 7, fiesta del glorioso doctor de la iglesia santo Thomas de Aquino, celebro su día en su insigne convento de predicadores, con la asistencia del señor virrey y los señores de la real audiencia, predico el padre maestro fray Lucas de León Garavito.

Este mismo día llevaron por las calles acostumbradas a un español que fue uno de los que escaparon de la cárcel, quien estaba condenado a ir a servir a Chile.

Día 8, por cartas traídas por un navío que vino desde el puerto de Arica, se ha sabido que en aquel valle ha crecido de tal manera un arroyuelo y se ha llevado más de veinte casas, ha  arrastrado tanta cantidad de arena que los navíos que estaban surtos en aquel puerto a nueve brazas de agua, de repente se hallaron a cinco y quedaron las anclas enterradas y perdidas, les fue forzoso cortar los cables a toda prisa y hacerse a la mar, todos los vecinos están temerosos.

Día 9, al amanecer el rio hablador se llevó la mitad de la iglesia de nuestra señora de la cabeza, cosa que causo gran sentimiento en toda la corte (2).

Este mismo día por la tarde habiendo ido los soldados a una chacra cerca de la ciudad, vieron un huerto y uno de ellos se subió a una higuera para comerse los higos, llego el mayordomo de ella y saco su escopeta y derribo al desdichado soldado, quien quedo muerto y la justicia prendió luego al matador.

Día 10, los señores del real acuerdo, en vista confirmaron el auto del gobierno por el cual se manda suspender la ejecución de la real cedula, que dice que se pague el dos por ciento de las botijas de vino que se cogen en este reino.

Día 11, el señor arzobispo hizo ordenes en la capilla de su casa.

Día 12, vino la nueva que el mar se había salido y llevado el pueblo de Chilca que esta como a once leguas de esta ciudad, en días pasados también hizo mucho daño en el puerto del Callao.

Día 13, murió don Miguel de Lizarazu, caballero de la orden de sant joan, él es hermano del señor presidente de las charcas don Juan de Lizarazu, toda la corte se encuentra con general sentimiento de dolor.

Día 14, esta mañana se enterró don Miguel de Lizarazu en la iglesia de san francisco, en la capilla de los vizcaínos, lo acompañaron los señores de la real audiencia, todos los caballeros de esta corte y en la iglesia se encontraba presente el señor arzobispo.

Día 15, llego un correo extraordinario despachado de la ciudad de Trujillo con fecha 4, por el señor presidente de las Charcas al señor virrey, avisa su señoría que saldría de dicha ciudad en prosecución de su viaje.

Día 16, el rio hablador otra vez se vuelve a llevar un pedazo del convento de predicadores y a tres religiosos de dicha orden, además de cuatro personas pero nuestro señor fue en su auxilio y lograron salvarlos.

Este día en el barrio de nuestra señora de Guadalupe mataron a un mulato, lo sacaron debajo de la cama de su ama y le dieron de puñaladas.

Día 17, llego un correo extraordinario desde la ciudad de Arequipa por mar, a causa que los ríos de Chincha, Cañete, Mala, Chilca y Pachacamac han crecido de una manera alarmante y no se puede pasar por haberse llevado los puentes.

Día 18, murió el padre Gaspar de Arroyo quien pertenecía a la compañía de Jesús, era un religioso muy ejemplar y que sirvió muchos años a nuestro señor con gran devoción.

Este día por mandato de su excelencia el señor virrey, fueron llevadas al puerto del Callao las tres compañías de infantería que irán a Chile.

Día 19, fiesta del glorioso patriarca san Joseph, celebro su día en el convento de monjas descalzas, asistieron a la misa y sermón el señor virrey y la real audiencia.

Día 20, en el barrio de san Pedro(3) cerca del colegio real la esposa de un oficial zapatero pario a seis criaturas, que recibieron el agua del bautismo y al poco rato murieron, dicen que la causa fue que un médico mando sangrar a la madre por entender que tenía hidropesía.

Este mismo día el alcalde ordinario condeno al regidor Julián de Lorca, a cuatro años de prisión y desterrado a Chile.

Día 21, por cartas que llegaron de la ciudad de Castrovirreyna con fecha 4, avisan que ha muerto Damián Bravo, contador y juez oficial de aquella real caja.

Día 22, ingreso a la ciudad don Agustín Sarmiento, caballero de la orden de Santiago e hijo del corregidor del Cuzco, dicen que viene a llevarse a su hermana Magdalena Sarmiento, quien estuvo casada con Francisco Flores y que por los golpes que recibía de aquel estuvo muchos meses alojada en el convento de santa Clara.

Día 23, como a la una y media del día unos negros, mulatos, mestizos e indios que estaban presos en la real cárcel de la corte, por diferentes crímenes y delitos, habían concertado unos días antes una fuga, para ello fingieron un alboroto con lo que obligaron a algunos guardias a acudir al calabozo, al ingresar los gendarmes los amotinados sacaron sus cuchillos carniceros y uno de ellos le dio tres puñaladas a un oficial, le quitaron la llave de la puerta de la calle y por el gran ruido acudió el alcaide, quien se retiró lleno de miedo, el grupo de reclusos que sumaban 22 personas y estaban armados llegaron hasta el cancel del medio, uno de los delincuentes le dio un golpe muy grande en la cabeza al guardia que estaba en la puerta dejándolo tendido en el suelo, salieron atropelladamente y solo se quedó un español que estaba preso por una causa leve, los fugados se acogieron a diferentes iglesias y conventos, el alguacil mayor de la corte don Melchor Malo de Molina, recibió información que tres de ellos, un mestizo, un cuarterón de mulato y un negro estaban en la sacristía de la iglesia mayor, fue hacia allá y los saco presos,  inmediatamente los señores de la real sala del crimen fulminaron la causa y los sentenciaron a la horca.

Día 24, a las nueve de la mañana los reos pidieron iglesia ante el provisor de la ciudad, el cual despacho al punto el auto ordinario pero no pudo notificar a los señores jueces, mientras su excelencia el señor virrey ordeno una junta del real acuerdo donde estuvieron los señores como hasta las dos de la tarde, en el ínterin fue el juez eclesiástico prosiguiendo con sus requerimientos, pero no sirvió de nada a las cuatro de la tarde sacaron a ahorcar a la plaza a los reos, tocaron las campanas de la iglesia metropolitana a entredicho, pero se ejecutó la sentencia de muerte y acudió un numerosísimo concurso de gente, a la hora de la oración todas las iglesias tocaron a entredicho.

Día 25, fiesta de la anunciación de nuestra señora, por la mañana como a las nueve enterraron a los ahorcados quienes estuvieron colgados toda la noche.

Al mediodía el señor arzobispo en el monasterio de monjas de la encarnación celebró el día de la anunciación de nuestra señora, asistió su señoría ilustrísima y el señor virrey, los señores de la real audiencia, menos los tres jueces de la real sala del crimen a quienes los de la iglesia habían declarado como excomulgados, predico el padre Nicolás Duran quien es provincial de la compañía de Jesús.

Este mismo día a las seis se notificó al provisor un auto del real acuerdo, a pedido del señor fiscal en el que se manda absolver por ochenta días a los descomulgados.

También por la tarde trajeron del puerto del Callao a Diego de León quien es esclavo del capitán Manuel Rodríguez, dicen que es el autor del motín y fuga de la cárcel, que había huido hacia dicho puerto y se escondió debajo del altar mayor de la iglesia de san Agustín, de donde lo mando sacar el general Bernardino Hurtado quien lo remitió a esta real cárcel de corte con 22 arcabuceros , habiéndose dado cuenta de dicha prisión a los señores del real acuerdo, dieron comisión al señor licenciado Luis Henríquez para que fulmine la causa y sentencie, el cual hizo esa misma noche hasta dejarla en estado de conclusión.

Día 26, como a las ocho de la mañana el señor provisor por auto, mando absolver a los señores jueces y demás ministros excomulgados y alzo el entredicho.

Este día los ministros alguaciles de la corte trajeron a un indio desde el puerto del Callao, se dice que es otro de los culpados en la fuga y motín, el cual sacaron del convento de frailes de nuestra señora de la merced y esa misma noche los señores de la real sala del crimen fulminaron la sentencia.

Día 27, a las ocho de la mañana el señor virrey ordeno una junta del real acuerdo, donde estuvieron hasta las tres y media de la tarde viendo el proceso de los dos reos fugados, después de muchas controversias salió sentencia de muerte contra ambos, se mandó remitir al juez eclesiástico los autos y procesos para que visto declare no gozar de inmunidad los reos como lo habían pedido.

Día 28, se casó uno de los hijos del regidor Juan de Salinas con la hija de doña Leonarda de las Casas, quien es viuda de don Francisco de Arenillas.

Día 29, don Pedro de la Cueva tomo posesión del oficio de escribano mayor de estos mares del sur, en virtud de la renuncia que hizo don Francisco de la Presa, dejando el tercio del valor en la real caja.

Día 30, los jueces y oficiales reales fueron al puerto del Callao, al despacho del navío que lleva a tres regimientos a Chile.

Día 31, llevaron al puerto del Callao al regidor Julián de Lorca y a los demás condenados a pagar su culpa en Chile, los entregaron al cabo de dicho navío el cual se hizo a la vela esa misma tarde.

 

(1) Fray Alonso de Herrera fue señalado en su tiempo como orador sagrado y escritor, había nacido en Granada en 1562 e ingreso en la orden franciscana en el Perú, pero a consecuencia de un sermón que predico en la ciudad de la Plata en presencia del obispo dijo tantas barbaridades que fue desterrado de la ciudad por dos años, esto ocurría en 1599 pero la sentencia se le aplico años después en Sevilla, en 1617 publico “consideraciones de las amenazas del juicio y penas del infierno” dos años más tarde daba a luz en la misma ciudad las obras siguientes “ira y furor de Dios contra los juramentos” “discursos predicables de las excelencias del nombre de Jesús y de los nombres y atributos de Cristo” en Lima en 1627 apareció la primera edición de su “espejo de la perfecta casada” por el título de esta obra el padre Herrera parece que quería emular a fray Luis de León, pero si bien no es despreciable la obra de Herrera dista bastante de la perfección con la que escribió el genial agustino de León, en 1641 saco en Lima su “ cuestiones evangélicas del adviento y santos” estando en el convento de Trujillo murió en 1644, según fray Diego de Córdova Salinas quien escribió en su obra “coronica” fue luego que escribía una cuaresma que no llego a publicarse.

(2) Tanto el doctor Valdés, como el doctor Medina en sus biografías del beato Martin de Porres, atribuyen un milagro de este la preservación de la capilla de nuestra señora de las cabezas.

(3) Se le daba el nombre de san Pedro a la casa que fundo el licenciado Alonso Riero, clérigo previstero, que luego fue hospital de sacerdotes y convertida después en oratorio de san Felipe Neri, que está hoy situada en lo que es hoy la escuela de bellas artes, al pasar los filipenses al colegio de san Pablo, a raíz de la expulsión de los jesuitas se dio dicho local a las amparadas vulgarmente llamadas recogidas, fundada por el venerable padre Francisco del Castillo, quien pertenecía a la compañía de Jesús.